Soy
Babá. Tengo ocho años, pero no soy un niño, soy una forma inmortal
y no tengo ocho años, tengo mil. He vivido siempre y siempre viviré.
Comienzo de "Chicos de campo", cuento de Willian Goyen
Nací
en una familia de piel muy oscura. Mis abuelos, mis padres, mis
hermanos: Khaled, Tupsy, Rahim y yo, todos éramos del color de la
noche. Y por lo que contaba mi abuelo habíamos sido así desde que
él y su abuelo tenían memoria.
Mi
padre pastoreaba un rebaño insignificante de cabras esqueléticas.
Siempre regresaban a casa envueltas en una nube de polvo que nos
hacía toser a mis hermanos y a mí. No llovía nunca. Todo estaba
seco. La hierba crecía lejos, casi a media jornada del pueblo, así
que los animales debían comer deprisa para que diera tiempo a volver
antes de anochecer.
Khaled,
Tupsy, Rahim y yo, éramos además muy delgados, tanto, que a la
hora de dormir cabíamos todos en la misma estera. A veces nuestra
comida era más escasa que la de las cabras, y Khaled, Tupsy, Rahim
y yo llorábamos mordiendo la falda de mi madre.
Un
día, mi padre decidió que Khaled, Tupsy y yo, fuéramos a buscar
comida a un país donde el agua era abundante, aunque dicen que en
ese país los hombres tienen el pelo del color de la hierba seca. El
viaje era largo. Había que cruzar el mar. Más tarde, cuando
creciera, también vendría Rahim.
Por
el camino nos encontramos con otros muchachos que iban al mismo
lugar. A algunos les acompañaban sus parientes para que no se
extraviaran.
Llegamos
al mar. Mis hermanos y yo subimos a una barcaza enorme. Íbamos muy
apretados. La barca empezó a moverse demasiado. Las olas nos
empujaban, una, otra. Se oían muchos gritos. Yo miraba a Khaled y a
Tupsy y veía cómo sus caras iban perdiendo color, se desdibujaban,
cada vez eran más borrosas, cada vez más lejanas. Intenté
agarrarme, pero sólo había agua entre mis dedos. No distinguía a
mis hermanos. Sólo me rodeaban unas sombras negras que miraban con
ojos mojados.
Mi
padre pastoreaba un rebaño de cabras esqueléticas. Yo pastoreo un
rebaño de peces. Quizás Rahim siga mordiendo la falda de mi madre.
No recuerdo los años que llevo viviendo entre húmedos fantasmas.
Casi he olvidado cómo era mi vida entre el polvo y las cabras.
Nunca he vuelto a ver a mis hermanos. En mi memoria se han perdido
sus caras. Yo soy una forma inmortal. Hubo un tiempo en que tenía
ocho años.
"A todos los africanos que tienen que abandonar su hogar"