El sueño recurrente

Llego como llegué, solitaria, asustada,

a la puerta de calle de madera encerada.

Abro la puerta y entro, silenciosa, entre alfombras.

Los muros y los muebles me asustan con sus sombras.

Subo los escalones de mármol amarillo,

con reflejos rosados. Penetro en un pasillo.

No hay nadie, pero hay alguien escondido en las puertas.

Las persianas oscuras están todas abiertas.

Los cielos rasos altos en el día parecen

un cielo con estrellas apagadas que crecen.

El recuerdo conserva una antigua retórica,

se eleva como un árbol o una columna dórica,

habitualmente duerme dentro de nuestros sueños

y somos en secreto sus exclusivos dueños.

Poesía de Silvina Ocampo

MIGUEL HERNÁNDEZ, 70 años de su muerte

El sol, la rosa y el niño
flores de un día nacieron.
Los de cada día son
soles, flores, niños nuevos.

Mañana no seré yo:
otro será el verdadero.
Y no seré más allá
de quien quiera su recuerdo.

Flor de un día es lo más grande
al pie de lo más pequeño.
Flor de la luz el relámpago,
y flor del instante el tiempo.

Entre las flores te fuiste.
Entre las flores me quedo.

CANCIONERO Y ROMANCERO DE AUSENCIAS
(1938-1941)

QUIZÁ

Si sólo tuviera tu río,
tu río y tu montaña,
quizá no hablara.
Si sólo tuviera tu cuerpo,
llorando sobre mi almohada,
quizá me hablaras.
Si sola es mucho decir
que por noche tengo abril
y mayo por despertar.
Si sólo me queda un llorón
sauce de mil desamor
y trapos en el corazón, en el corazón.
Si sólo busco un regazo
a la sombra de tu brazo,
quizá es mucho esperar.
Si sóla entre mil gentes,
me llamaras de repente
quizá me echara a temblar.
Si sólo tuviera una causa
que no me sonara a farsa,
quizá te fuera a buscar.
Si sola es mucho decir
que por noche tengo abril
y mayo por despertar.
Si sólo me queda un llorón
sauce de mi desamor
y trapos en el corazón, en el corazón.
Si sólo busco un regazo,
a la sombra de tu brazo,
quizá es mucho esperar.

Canción de Mari Trini......... hoy estoy nostálgica

hoy, día de la poesía

BAJO LA LLUVIA
¡Cómo resbala el agua por mi espalda!
¡Cómo moja mi falda,
y pone en mis mejillas su frescura de nieve!
Llueve, llueve, llueve,
y voy, senda adelante,
con el alma ligera y la cara radiante,
sin sentir, sin soñar,
llena de la voluptuosidad de no pensar.

Un pájaro se baña
en una charca turbia. Mi presencia le extraña,
se detiene… me mira… nos sentimos amigos…
¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos!
Después es el asombro
de un labriego que pasa con su azada al hombro
y la lluvia me cubre de todas las fragancias
de los setos de octubre.
Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado
como un maravilloso y estupendo tocado
de gotas cristalinas, de flores deshojadas
que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.
Y siento, en la vacuidad
del cerebro sin sueño, la voluptuosidad
del placer infinito, dulce y desconocido,
de un minuto de olvido.
Llueve, llueve, llueve,
y tengo en alma y carne, como un frescor de nieve.

Poema de Juana de Ibarbourou

Aprendiz de dibujante


Sé dibujar puertas. Es fácil. Lo hago cuando me siento encerrada. Todavía no he conseguido proyectar el lugar a dónde quiero que conduzcan. Por eso cuando las abro me doy contra la pared. Y si no hay pared, como no he diseñado el camino caigo al vacío
Ahora voy a aprender a trazar caminos.

Delirio del incrédulo


Bajo la flor, la rama;
sobre la flor, la estrella;
bajo la estrella, el viento.
¿Y más allá?
Más allá, ¿no recuerdas? , sólo la nada.
La nada, óyelo bien, mi alma:
duérmete, aduérmete en la nada.
[Si pudiera, pero hundirme... ]
Ceniza de aquel fuego, oquedad,
agua espesa y amarga:
el llanto hecho sudor;
la sangre que, en su huida, se lleva la palabra.
Y la carga vacía de un corazón sin marcha.
¿De verdad es que no hay nada? Hay la nada.
Y que no lo recuerdes. [Era tu gloria.]
Más allá del recuerdo, en el olvido, escucha
en el soplo de tu aliento.
Mira en tu pupila misma dentro,
en ese fuego que te abrasa, luz y agua.
Mas no puedo.
Ojos y oídos son ventanas.
Perdido entre mí mismo, no puedo buscar nada;
no llego hasta la nada.
Poema de María Zambrano

FIN DE FIESTA


Cuando termina el día de tu cumpleaños, sólo quedan en la mesa las migas de la tarta y las velas a medio quemar. A su alrededor tus amigos consumen las últimas despedidas. Recoges las felicitaciones y las guardas en una caja. La colocas en la estantería y cuentas las que tienes. Con satisfacción piensas: una más.

Por tu cumpleaños, princesa

EL CIRCO DE CADA DIA


Los empleados del circo montan la carpa todos los días a primera hora de la mañana. Procuran que no falte ni un detalle y todo esté resplandeciente cuando llegue la hora de empezar la función. El público comienza a entrar. Poco a poco todas las gradas se van llenando de niños, adultos, ancianos. Y empieza la fiesta. El primero en actuar es el director del circo. Se encarga de hacer los papeles de mayor riesgo: domador, trapecista y equilibrista. La gente lo admira y todos lo aplauden. Luego sale el payaso, que también hace de malabarista y de perro amaestrado. Con su simpatía se gana al público. Y los aplausos vuelven a repetirse. Todos los números son presentados por una mujer. Con voz chillona, anima, halaga, manda aplaudir y participa en casi todas las actuaciones de sus compañeros. El respetable se fijan en su traje, en sus elegantes movimientos. También a ella le brindan un aplauso. Al final de la jornada, recogen, limpian, cierran el circo y se van a casa, hasta el día siguiente que volverán a empezar de nuevo. Y montarán la carpa a primera hora de la mañana.

De "Mar ao Norde"

Este es el punto exacto...

Este es el punto exacto.
Aquí
-entre la cuerda rota
e inmóvil de las horas-
se para
cristalina
la rueda de la noche.

Aquí
-la luna entre salas desiertas
de madurez-
comienza
silenciosa
la rueda del alba.


Poema de Álvaro Cunqueiro