HIJOS DEL CAMINO

    Las pateras, barquitos mamarrachos que la mar devora, son nietas de aquellos navíos negreros.
    Los esclavos de ahora, que ya no se llaman así, tienen la misma libertad que tenían sus abuelos arrojados, a golpes de látigo, a las plantaciones de América.
    No se van: los empujan. Nadie emigra porque quiere.
    Desde el África y desde muchos otros lugares, los desesperados huyen de las guerras y las sequías y las tierras extenuadas y los ríos envenenados y las barrigas vacías.
    Las ventas de carne humana son, hoy por hoy, las exportaciones más exitosas del sur del mundo. 

Eduardo Galeano, de su libro "Espejos"

EL IMPUESTO GLOBAL

    El amor que pasa, la vida que pesa, la muerte que pisa.
    Hay dolores inevitables, y así es no más, y ni modo.
    Pero las autoridades planetarias agregan dolo al dolor, y y encima nos cobran ese favor que nos hacen.
   En dinero contante y sonante pagamos, cada día, el impuesto al valor agregado.
    En desdicha contante y sonante pagamos, cada día, el impuesto al dolor agregado.
    El dolor agregado se disfraza de fatalidad del destino, como si fueran la misma cosa la angustia que nace de la fugacidad de la vida y la angustia que nace de la fugacidad del empleo.  
Eduardo Galeano, de su libro "Espejos"

TRAFALGAR Y YO


- Porque hay cosas que no se pueden contar- dijo Trafalgar ese día de tormenta-. Estuve en un mundo sin nombre, cubierto de selvas y de pantanos, lleno de animales monstruosos que no me llevaban el apunte, y en un claro de la selva, en una casa de madera blanca con tela metálica en las ventanas y una veleta en la cumbrera, había un hombre sentado en la galería frente a una mesa tomando té. Me senté con él y sirvió té para mí.

Le dije que yo no tomaba té, que era adicto al café. Él me contó que en alguna otra de sus vidas también lo había sido, de ahí el color que había adquirido su piel. La primera vez que nació no era negro. Que era hijo de una joven de piel muy blanca y rubios tirabuzones. Su abuelo era dueño de una gran plantación de café, con muchos criados y que a él lo amamantaban con la leche de su madre y el café de su abuelo.

Después llegó su padre, que se había pasado la vida explorando nuevas tierras, y trajo la costumbre de beber té, pero a él ya le había cambiado el color.

Trafalgar, entonces, miró sus manos para cercionarse de que a él aún no le pasaba lo mismo. Estaban blancas. Podía seguir tomando café. Una mujer envuelta en una bata floreada le sirvió uno y luego desapareció.

Trafalgar le preguntó al hombre que tomaba té, cómo había llegado a ese mundo.

El hombre que tomaba té, adentró su mirada en la selva que los rodeaba y en voz baja para que los animales de las múltiples orejas no pudieran escucharlos, le explicó:

-Quise emular las hazañas de mi padre. Él fue un gran viajero de los desiertos. Había cruzado el Sáhara de oeste a este. Y de allí pasó al desierto arábigo, en donde adquirió la costumbre de beber té en vasos muy pequeños. Debido a la escasez del agua, no usaban tazas-. Y el hombre que tomaba té siguió:

-Cuando crecí, y le comuniqué a mi madre que quería seguir los pasos de mi progenitor, del disgusto se le quedaron sin rizos los tirabuzones. Así que para quedarme cerca de la familia, opté por los pantanos y la selva. Ahora, me toca descansar y curarme. De tanta humedad me están creciendo en las extremidades unos hilillos que semejan raíces. Y en cuanto penetran en la tierra se agarran con tanta fuerza que no me dejan moverme-.

De esa manera,Trafalgar, sentado en el café Burgundy, recordaba su viaje al “mundo sin nombre”, repitiéndolo, una y otra vez a los camareros, y a todos los que se prestaban a oír sus aventuras. Mientras, seguía tomando tazas de café.

Yo escuchaba sus historias con tantas ganas, que las orejas me habían empezado a crecer, ya me llegaban a los hombros. Trafalgar al verlas dijo: te pareces a mi amigo Caos, tiene las orejas como tú. Él nació así, de ahí el nombre que le puso su padre, Caos, porque eso origino su nacimiento. La partera, cuando lo vio, abrió unos ojos como platos al ver lo que le colgaba de la cabeza. Y la madre se quedó sin habla. Entonces el padre se lo llevó lejos, muy lejos, a la tierra de los pantanos donde lo conocí.

Trafalgar interrumpió su discurso y llamó al camarero para que le sirviera otra taza de café.

Alrededor de su mesa se había formado un grupo de clientes ansiosos de conocer sus aventuras. Yo me levante tratando de ocultar mis orejas. Salí a la calle.

Fuera había empezado a llover. Un cascarudo se metió bajo una hoja de magnolia y una gota fría me golpeó en la frente. Después volví al café. Eso es todo.


Escrito entre Angélica Gorodischer y yo


CULPA

Si un niño agoniza, poco a poco, en silencio,
con el vientre abombado y la cara de greda.
Si un bello adolescente se suicida una noche
tan sólo porque el alma le pesa demasiado.
Si una madre maldice soplando las cenizas.
Si un soldado cansado se orina en una iglesia
a los pies de una Virgen degollada, sin Hijo.
Si un sabio halla la fórmula que aniquile de un golpe
dos millones de hombres del color elegido.

Si las hembras rehuyen el parir. Si los viejos
a hurtadillas codician a los guapos muchachos.
Si los lobos consiguen mantenerse robustos
consumiendo la sangre que la tierra no empapa.

Si la cárcel, si el miedo, si la tisis, si el hambre.
Es terrible, terrible. Pero yo, ¿qué he de hacerle?
Yo no tengo la culpa. Ni tú, amigo, tampoco.
Somos gente honrada. Hasta vamos a misa.
Trabajamos. Dormimos. Y así vamos tirando.
Además, ya es sabido. Dios dispone las cosas.

Y nos vamos al cine. O a tomar un tranvía.

poema de  Ángela Figuera Aymerich

NO QUIERO


No quiero
que los besos se paguen
ni la sangre se venda
ni se compre la brisa
ni se alquile al aliento.
No quiero
que el trigo se queme y el pan se escatime.

No quiero
que haya frío en las casas,
que haya miedo en las calles,
que haya rabia en los ojos.
No quiero
que en los labios se encierren mentiras,
que en las arcas se encierren millones,
que en la cárcel se encierre a los buenos.
No quiero
que el labriego trabaje sin agua,
que el marino navegue sin brújula,
que en la fábrica no haya azucenas,
que en la mina no vean la aurora,
que en la escuela no ría el maestro.
No quiero
que las madres no tengan perfumes,
que las mozas no tengan amores,
que los padres no tengan tabaco,
que a los niños les pongan los Reyes
camisetas de punto y cuadernos.
No quiero
que la tierra se parta en porciones,
que en el mar se establezcan dominios,
que en el aire se agiten banderas
que en los trajes se pongan señales.
No quiero
que mi hijo desfile,
que los hijos de madre desfilen
con fusil y con muerte en el hombro;
que jamás se disparen fusiles,
que jamás se fabriquen fusiles.
No quiero
que me manden Fulano y Mengano,
que me fisgue el vecino de enfrente,
que me pongan carteles y sellos
que decreten lo que es poesía.
No quiero amar en secreto,
llorar en secreto,
cantar en secreto.
No quiero
que me tapen la boca
cuando digo NO QUIERO...

 poema de Ángela Figuera Aymerich

NACÍ PARA POETA O PARA MUERTO...

Nací para poeta o para muerto,
escogí lo difícil
—supervivo de todos los naufragios—,
y sigo con mis versos,
vivita y coleando.

Nací para puta o payaso,
escogí lo difícil
—hacer reír a los clientes desahuciados—,
y sigo con mis trucos,
sacando una paloma del refajo.

Nací para nada o soldado,
y escogí lo difícil
—no ser apenas nada en el tablado—,
y sigo entre fusiles y pistolas
sin mancharme las manos.


poema de Gloria Fuertes

LOS REPUBLICANOS ERAN "LOS BUENOS" Y LOS FRANQUISTAS "LOS MALOS"

La noche de Reyes murió un hombre bueno. José Alcubierre pasó cuatro años y medio en el campo de concentración nazi de Mauthausen, donde vio cómo su padre, Miguel, era asesinado. Nunca fue reconocido como un héroe por el país que le vio nacer. Ni él ni los miles de compatriotas que, por defender la libertad, acabaron en el peor de los infiernos creado por el ser humano. José murió como todos ellos: olvidado e ignorado por su Gobierno, por sus políticos, por su país. José era español.
Mientras el niño prisionero de Mauthausen fallecía en el exilio francés, en esta España de Indas y Marhuendas conocíamos el contenido de dos discursos reveladores. Una alcaldesa y un diputado autonómico del partido que gobierna España, gracias por cierto a los votos del PSOE, elogiaron la figura de Franco durante una cena organizada por la fundación que lleva el nombre del dictador. Mientras ella pedía un aplauso para "el mejor jefe de Estado español del siglo XX", él se enorgullecía de que su hijo de 14 años rebatiera "a su profesora comunista" diciéndole "que con Franco en España había orden".
Estos hechos, el olvido del héroe y el aceptado ensalzamiento del asesino, demuestran lo que realmente pasa en nuestra querida España. Si hoy seguimos así, sin resolver el problema de Historia y de Memoria que tiene este país, es, entre otras cosas, porque los demócratas no hemos hablado con la suficiente claridad. No lo hicimos durante la Transición porque el aparato franquista tuteló ese proceso y lo condicionó con la permanente amenaza de acabar con él mediante su método favorito: el golpe de Estado. Y no lo hemos hecho durante los 40 años de democracia porque vivimos tan acomplejados que acabamos comprando el discurso de los herederos del dictador.
Solo así se entiende que una mayoría de los españoles mantenga una absoluta equidistancia entre víctimas y verdugos, es decir, entre quienes defendieron la democracia republicana y aquellos que acabaron con ella gracias al apoyo de Adolf Hitler. De aquí es de donde surgen todas las anomalías y los anacronismos que avergonzarían a cualquier país civilizado. Somos la nación del Valle de los Caídos, de las calles y estatuas dedicadas a asesinos, de "periodistas" y políticos que defienden públicamente a un maldito dictador.
Nunca es tarde para empezar y el paso más importante es reivindicar intelectualmente lo que debería ser obvio y que, sin embargo, en nuestro país suena casi revolucionario. Lo diré sin matices, con un lenguaje infantil que resulta muy necesario en este caso: los republicanos fueron "los buenos" y los franquistas "los malos". Hasta que no asumamos como sociedad esta evidencia histórica, no dejaremos de ser un país democráticamente anormal.
Solo los neonazis y ultraderechistas cuestionan en Europa quienes fueron "los buenos" y quienes "los malos" en la II Guerra Mundial. El hecho de que los Aliados cometieran numerosas atrocidades, entre ellas los criminales bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagashaki, no hace que nadie cuestione la culpabilidad astronómica de Hitler y los suyos.
¿Se atrevería nuestro Rey a defender la misma impresentable equidistancia entre nazis y aliados que la que mantuvo entre demócratas y franquistas durante su mensaje de Nochebuena? ¿Osaría Felipe VI acusar a los descendientes de los judíos gaseados en Birkenau de querer reabrir heridas por intentar honrar la memoria de sus víctimas? ¿Haría Campofrío un anuncio navideño equiparando a un SS con una guerrillera de la Resistencia o con un seguidor del Bayern de Munich? ¿Emitiría Telecinco una serie humanizando a Heinrich Himmler? ¿Seríamos capaces de tener enterrado en un enorme mausoleo, cuidado por monjes benedictinos, a Adolf Hitler? ¿Toleraría nuestra Justicia una fundación que llevara el nombre del Führer?
Dicho todo esto vamos con los matices. Claro que es necesario analizar el periodo republicano, como todos, desde un rigor histórico objetivo alejado de cualquier idealismo. Claro que hubo "buenos" y "malos" en ambos bandos… Cerca de 50.000 personas fueron asesinadas extrajudicialmente durante la guerra en la España republicana. Es una cifra escandalosa e injustificable… como lo fueron los bombardeos aliados de Dresde o de Hamburgo. Y, sí, claro que hay que divulgar lo ocurrido en Paracuellos y en otros lugares donde se cometieron cobardes matanzas por parte de extremistas comunistas y anarquistas.
El problema para los nostálgicos del franquismo y para los cómplices del mismo, como parece ser nuestro Rey, es que los hechos históricos documentados nos alejan de la equidistancia. Dictadura frente a democracia; 150.000 asesinados por los sublevados frente a 50.000 por los republicanos; el terror, la muerte y la violación de mujeres como estrategia de guerra ordenada por los líderes golpistas frente a la actitud de los mandatarios de la República que intentaron controlar e incluso castigar los crímenes cometidos por sus exaltados; democracia, imperfecta pero democracia, con libertad, derechos sociales e igualdad frente a 40 años de oscuridad, crímenes de Estado, totalitarismo, machismo y miedo…
José Alcubierre fue un hombre bueno y Francisco Franco un asesino. Uno murió la pasada semana, olvidado en el exilio francés; el otro continúa enterrado en un gran mausoleo cerca de Madrid, tiene una estatua en Melilla y su apellido sigue presente en las calles y plazas de cientos de municipios españoles. ¿Somos o no somos una sociedad democráticamente enferma?

Artículo de Carlos Hernández, en eldiario.es

FUERA DE LUGAR

    Una típica escena de domingo es el cuadro que da fama a Edouard Manet: dos hombres y dos mujeres en un picnic sobre la hierba, en las afueras de París.
   Nada de raro, salvo un detalle. Ellos están vestidos, impecables caballeros, y ellas están completamente desnudas. Ellos conversan entre sí, algún tema serio, cosa de hombres, y ellas tienen menos importancia que los árboles del paisaje.
    La mujer que aparece en primer plano nos está mirando. Quizá nos pregunta, desde su ajenidad, dónde estoy, qué hago yo aquí.
    Ellas sobran. Y no sólo en el cuadro. 

Eduardo Galeano, de su libro  "Espejos" 

SEÑOR CORPORACIÓN

   Ocurrió en Washington, en 1886.
   Las empresas gigantes conquistaron los mismos derechos legales que los ciudadanos vulgares y silvestres.
   La suprema Corte de Justicia anuló más de doscientas leyes que regulaban y limitaban la actividad empresarial, y al mismo tiempo extendió los derechos humanos a las corporaciones privadas. La ley reconoció a las grandes empresas los mismos derechos de las personas, como si ellas también respiraran: derecho a la vida, a la libre expresión, a la privacidad....
   A principios del siglo veintiuno, así sigue siendo. 

Eduardo Galeano, de su libro "Espejos"

COMENTANDO SOBRE DIOS....

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-Oye, Ach, ¿tú qué harías si fueras Dios?
-Es que no soy Dios
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¿Cómo reaccionarías si fueras Dios? Porque a ése no se le ocurre mover un dedo. Deja que las cosas empeoren, y cuando se ponen muy jodidas, mira hacia otra parte. Entonces, los malvados aprovechan para machacar a los inocentes, y los inocentes dan lástima pero nadie los compadece.
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-Me huelo que hace lustros que se fue dando un portazo.
-¿Y eso qué significa?
-Pues que está harto de nuestras gilipolleces. Seguro que tardó lo suyo hasta convencerse de lo cretina que es la gente. Nos ha mandado a unos cuantos profetas, no pocos milagros y bastantes libros para que la gente vaya espabilando. Pero es como si predicara en el desierto. Es lógico que tire la toalla.
-Y eso que hay muchos creyentes que rezan y que siguen siendo honrados.
-Precisamente, hay demasiados creyentes dándole por saco. Los musulmanes, los cristianos, los judíos, y un montón de energúmenos que, a las primeras de cambio, se lo quedan para ellos y se niegan a soltarlo. Un Dios es como un cartero, si lo sobrecargas, se estresa y no da pie con bola. A Dios se le han tenido que fundir los plomos y se ha retirado en algún recóndito planeta para hacer una cura. 
-Creí que tenía más aguante.
- Sólo la estupidez es ilimitada, Junior. ¿Te das cuenta? Si repartiéramos un centavo por cada gilipollas que hay en la tierra, arruinaríamos a todos los imperios mundiales. La gente lleva matándose desde la noche de los tiempos. No sabe hacer otra cosa. Para ellos, la paz es sólo una tregua , y sólo sirve para perfeccionar las represalias, las trampas, las guerras y la desgracia; y Dios se siente abrumado por este desaguisado del que somos los únicos culpables. 
Junio medita las palabras del Músico  asiente doctamente con la cabeza.
Ordena por un poco la fogata antes de volver a la carga. 
-Qué harías tú si fueras él, Ach?
Nada.....
..........
..........  Si yo fuera Dios....
-Si fuera Dios, acabaría manifestándome para poner fin al barullo que tenemos liado en el mundo. Instalaría mi trono en lo alto del Himalaya o del Kilimanjaro para que todo el mundo me viera, y soltaría a los hombres cuatro verdades sin tapujos. Les diría hasta qué punto me tienen harto, que mi paciencia tiene un límite, que hay que estar loco de atar para elegir el peor de los males y los remedios menos eficaces. Les pondría la película de la historia de la Humanidad para que comprobasen hasta qué punto su delirio sobrepasa el entendimiento: cuántas guerras y miserias, cuántas lágrimas y sangre, como si las cosas buenas que he creado para ellos no les bastasen para divertirse, como si no tuvieran nada mejor que hacer que matarse alegremente una generación tras otra. Les diría "¡basta!". Y me liaría a puñetazos con las montañas para provocar la mayor avalancha jamás vista. Luego, recomendaría a los aterrados supervivientes que aprendieran a comportarse porque me tienen harto de sus idioteces. Una vez aclarado esto, subiría de nuevo al cielo y rodearía mi olimpo de nubes para estar tranquilo.
Jadeante y purgado de sus demonios, con la cara congestionada y la nariz brillante, Ach da por concluido su discurso.........
fragmento de "El olimpo de los desdichados", novela de Yasmina Khadra

EL DIABLO ES EXTRANJERO

   El culpómetro indica que el inmigrante viene a robarnos el empleo y el peligrosímetro lo señala con luz roja. 
   Si es pobre, joven y no es blanco, el intruso, el que vino de fuera, está condenado a primera vista por indigencia, inclinación al caos o portación de piel. Y en cualquier caso, si no es pobre, ni joven, ni oscuro, de todos modos merece la malvenida, porque llega dispuesto a trabajar el doble a cambio de la mitad. 
   El pánico a la pérdida del empleo es uno de los miedos más poderosos entre los miedos que nos gobiernan en estos tiempos del miedo, y el inmigrante está situado siempre a mano a la hora de acusar a los responsables del desempleo, la caída del salario, la inseguridad pública y otras temibles desgracias.
   Antes, Europa derramaba sobre el sur del mundo soldados, presos y campesinos muertos de hambre. Esos protagonistas de las aventuras coloniales han pasado a la historia como agentes viajeros de Dios. Era la Civilización lanzada al rescate de la barbarie.
   Ahora, el viaje ocurre al revés. Los que llegan, o intentan llegar, desde el sur al norte, son protagonistas de las desventuras coloniales, que pasarán a la historia como mensajeros del Diablo. Es la barbarie lanzada al asalto de la Civilización.  
Eduardo Galeano, de su libro "Espejos"