Hoy me acuerdo de mi padre.....
- Mi padre había muerto, pero aún lo veíamos
por las habitaciones
o cruzando el jardín:
como al cerrar los ojos
después de ver un bosque,
los pájaros se mueven todavía un momento en la mirada.
.................
Hacia el final, mi padre era del agua,
del cuarzo,
de la sombra.
Sus ojos eran limpios,
más azules.
Y extraños
como una luz encendida en una habitación vacía.
Fragmento de poesía de Benjamín de Prado, de su libro "Ecuador"
NOCHE ESTRELLADA
Atrapa la noche en otra locura,
asomado a la ventana vestida con barrotes,
que no le deja alcanzar los azules
ni las explosiones en amarillo de las estrellas.
No hay luces ahora en el sanatorio.
Atrapa la noche pero no se deja pintar.
La guarda, la encierra, la abraza,
y para no perderla la plasma en sueños.
Despierta y no la tiene.
Vuelve a la ventana y la atrapa de nuevo, con miedo.
Al dormirse la sueña entre fiebre y sudores,
entre vuelos últimos y huérfanos pinceles.
Con el día la pinta de memoria:
azul, mucho azul, más azul, intenso para el cielo,
amarillo brillante para los soles nocturnos,
edificios y árboles ardiendo en negro.
Prisionera del más cuerdo de los locos
la noche estrellada más bella.
La libera con húmedos colores,
con la luz de la mañana, obra maestra.
Poesía de Mª José Pardo Rodrigo, dedicada a Vincent Van Gogh
asomado a la ventana vestida con barrotes,
que no le deja alcanzar los azules
ni las explosiones en amarillo de las estrellas.
No hay luces ahora en el sanatorio.
Atrapa la noche pero no se deja pintar.
La guarda, la encierra, la abraza,
y para no perderla la plasma en sueños.
Despierta y no la tiene.
Vuelve a la ventana y la atrapa de nuevo, con miedo.
Al dormirse la sueña entre fiebre y sudores,
entre vuelos últimos y huérfanos pinceles.
Con el día la pinta de memoria:
azul, mucho azul, más azul, intenso para el cielo,
amarillo brillante para los soles nocturnos,
edificios y árboles ardiendo en negro.
Prisionera del más cuerdo de los locos
la noche estrellada más bella.
La libera con húmedos colores,
con la luz de la mañana, obra maestra.
Poesía de Mª José Pardo Rodrigo, dedicada a Vincent Van Gogh
EL NARCISO
En la mitología griega, Narciso, era un joven muy hermoso. Las doncellas se enamoraban de él, pero éste las rechazaba. Entre las jóvenes heridas por su amor estaba la ninfa Eco....
Pero la flor que lleva su nombre explica así sus pensamientos...
Cuando reflexiono sobre mis imperfecciones, no puedo más que bajar la mirada lleno de confusión; y cuando medito sobre el porvenir, pienso en el momento fijado por el destino para poner fin a mi existencia. Puede parecer extraño que me entregue a pensamientos tan sombríos, en un lugar tan puro y agradable. Admito que el olfato se basta para calibrar el poder de mi perfume, pero el oído no es capaz de escuchar mis palabras silenciosas, ni el espíritu puede captar su significado ¡Que la humildad de mis miradas ponga de manifiesto mis defectos! Y si bajo la cabeza es para contemplar el cruel momento de mi final.
Fragmento del libro "Los secretos de los pájaros y las flores" de Izzidin Al-Muqaddasi
TU CORAZÓN, UNA NARANJA HELADA...
Tu corazón, una naranja helada
con un dentro sin luz de dulce miera
y una porosa vista de oro: un fuera
venturas prometiendo a la mirada.
Mi corazón, una febril granada
de agrupado rubor y abierta cera,
que sus tiernos collares te ofreciera
con una obstinación enamorada.
¡Ay, qué acometimiento de quebranto
ir a tu corazón y hallar un hielo
de irreductible y pavorosa nieve!
Por los alrededores de mi llanto
un pañuelo sediento va de vuelo
con la esperanza de que en él lo abreve.
Poema de Miguel Hernandez, hoy, 74 años de su muerte.
con un dentro sin luz de dulce miera
y una porosa vista de oro: un fuera
venturas prometiendo a la mirada.
Mi corazón, una febril granada
de agrupado rubor y abierta cera,
que sus tiernos collares te ofreciera
con una obstinación enamorada.
¡Ay, qué acometimiento de quebranto
ir a tu corazón y hallar un hielo
de irreductible y pavorosa nieve!
Por los alrededores de mi llanto
un pañuelo sediento va de vuelo
con la esperanza de que en él lo abreve.
Poema de Miguel Hernandez, hoy, 74 años de su muerte.
LA ROSA
Y DICE LA ROSA......
fragmento de "Los secretos de los pájaros y las flores" Izzidin Al-Muqaddasi
Soy el huésped que llama a la puerta entre el invierno y el verano, y mi visita es tan breve como la aparición de un fantasma durante la noche; apresúrate a gozar del momento de mi floración y recuerda que el tiempo es una afilada espada.
Soy portadora del rubor de la amante y del hábito del místico que ama; perfumo a quien aspira mi aliento; provoco una emoción desconocida en la joven belleza que me recibe de la mano de su amante. No soy para el hombre mas que una visitante pasajera, y el que desea retenerme comete un error.
¿Por qué debo sufrir la dureza del destino que no me causa más que amargura, aprisionando con espinas el capullo que se abre cada primavera? Estas agudas flechas me hieren y expanden mi sangre por los pétalos, tiñéndolos de púrpura. Ya ves que duro muy poco, y sin embargo soy la más noble de las visitas, la más elegante de las viajeras. Pero ¡ay!, nadie está a salvo del tormento y del dolor...
EL ORIGEN DEL MUNDO
Antes del mar y de las tierras y, el que lo cubre todo, el cielo,
uno solo era de la naturaleza el rostro en todo el orbe,
al que dijeron Caos, ruda y desordenada mole
y no otra cosa sino peso inerte, y, acumuladas en él,
unas discordes simientes de cosas no bien unidas.
Ningún Titán todavía al mundo ofrecía luces,
ni nuevos, en creciendo, reiteraba sus cuernos Febe,
ni en su circunfuso aire estaba suspendida la tierra,
por los pesos equilibrada suyos, ni sus brazos por el largo
margen de las tierras había extendido Anfitrite,
y por donde había tierra, allí también ponto y aire:
así, era inestable la tierra, innadable la onda,
de luz carente el aire: ninguno su forma mantenía,
y estorbaba a los otros cada uno, porque en un cuerpo solo
lo frío pugnaba con lo caliente, lo humedecido con lo seco,
lo mullido con lo duro, lo sin peso con lo que tenía peso.
Tal lid un dios y una mejor naturaleza dirimió,
pues del cielo las tierras, y de las tierras escindió las ondas,
y el fluente cielo segregó del aire espeso.
Estas cosas, después de que las separó y eximió de su ciega acumulación,
disociadas por lugares, con una concorde paz las ligó.
La fuerza ígnea y sin peso del convexo cielo
rieló y un lugar se hizo en el supremo recinto.
Próximo está el aire a ella en levedad y en lugar.
Más densa que ellos, la tierra, los elementos grandes arrastró
y presa fue de la gravedad suya; el circunfluente humor
lo último poseyó y contuvo al sólido orbe.
Así cuando dispuesta estuvo, quien quiera que fuera aquel, de los dioses,
esta acumulación sajó, y sajada en miembros la rehizo.
En el principio a la tierra, para que no desigual por ninguna
parte fuera, en forma la aglomeró de gran orbe;
entonces a los estrechos difundirse, y que por
arrebatadores vientos se entumecieran
ordenó y que de la rodeada tierra circundaran los litorales.
Añadió también fontanas y pantanos inmensos y lagos,
y las corrientes declinantes ciñó de oblicuas riberas,
las cuales, diversas por sus lugares, en parte son sorbidas por ella,
al mar arriban en parte, y en tal llano recibidas
de más libre agua, en vez de riberas, sus litorales baten.
Ordenó también que se extendieran los llanos, que se sumieran los valles,
que de fronda se cubrieran las espesuras,
lapídeos que se elevaran los montes.
Y, como dos por la derecha y otras tantas por su siniestra
parte, el cielo cortan unas fajas –la quinta es más ardiente que aquéllas–,
igualmente la carga en él incluida la distinguió con el número mismo
el cuidado del dios, y otras tantas llagas en la tierra se marcan.
De las cuales la que en medio está no es habitable por el calor.
Nieve cubre, alta, a dos; otras tantas entre ambas colocó
y templanza les dio, mezclada con el frío la llama.
Domina sobre ellas el aire, el cual, en cuanto es, que el peso de la tierra,
su peso, que el del agua, más ligero, en tanto es más pesado que el fuego.
Allí también las nieblas, allí aposentarse las nubes
ordenó, y los que habrían de conmover, los truenos, las humanas mentes,
y con los rayos, hacedores de relámpagos, los vientos.
A ellos también no por todas partes el artífice del mundo que tuvieran
el aire les permitió. Apenas ahora se les puede impedir a ellos,
cuando cada uno gobierna sus soplos por diverso trecho,
que destrocen el cosmos: tan grande es la discordia de los hermanos.
El Euro a la Aurora y a los nabateos reinos se retiró,
y a Persia, y a las cimas sometidas a los rayos matutinos.
El Anochecer y los litorales que con el caduco sol se templan,
próximos están al Céfiro; Escitia y los Siete Triones
horrendo los invadió el Bóreas. La contraria tierra
con nubes asiduas y lluvia la humedece el Austro.
De ello encima impuso, fluido y de gravedad carente,
el éter, y que nada de la terrena hez tiene.
Apenas así con lindes había cercado todo ciertas,
cuando, las que presa mucho tiempo habían sido de una calina ciega,
las estrellas empezaron a hervir por todo el cielo,
y para que región no hubiera ninguna de sus vivientes huérfana,
los astros poseen el celeste suelo, y con ellos las formas de los dioses;
cedieron para ser habitadas a los nítidos peces las ondas,
la tierra a las fieras acogió, a los voladores el agitable aire.
Más santo que ellos un viviente, y de una mente alta más capaz,
faltaba todavía, y que dominar en los demás pudiera:
nacido el hombre fue, sea que a él con divina simiente lo hizo
aquel artesano de las cosas, de un mundo mejor el origen,
sea que reciente la tierra, y apartada poco antes del alto
éter, retenía simientes de su pariente el cielo;
a ella, el linaje de Jápeto, mezclada con pluviales ondas,
la modeló en la efigie de los que gobiernan todo, los dioses,
y aunque inclinados contemplen los demás vivientes la tierra,
una boca sublime al hombre dio y el cielo ver
le ordenó y a las estrellas levantar erguido su semblante.
Así, la que poco antes había sido ruda y sin imagen, la tierra
se vistió de las desconocidas figuras, transformada, de los hombres.
Ovidio, de su obra "Metamorfosis"
TRANVÍA
Él sube al tranvía en la misma parada que yo, siempre a la misma hora, y una
sonrisa mutua, que ya no recuerdo de cuándo procede, nos une en el viaje
trivial, en la monotonía de nuestra costumbre.
….. Se baja en la parada sucesiva a la mía y otra sonrisa furtiva marca la muda despedida hasta la noche siguiente.
….. Cuando algunas veces no coincidimos, soy un ser desgraciado que se interna en la rutina de la noche como en un bosque oscuro.
….. Entonces las horas se desploman hechas pedazos y el día es una larga y nerviosa espera dominada por la sospecha de que acaso no vuelva a verlo.
Cuento original "El autobús" de L. Mateo Díez
….. Se baja en la parada sucesiva a la mía y otra sonrisa furtiva marca la muda despedida hasta la noche siguiente.
….. Cuando algunas veces no coincidimos, soy un ser desgraciado que se interna en la rutina de la noche como en un bosque oscuro.
….. Entonces las horas se desploman hechas pedazos y el día es una larga y nerviosa espera dominada por la sospecha de que acaso no vuelva a verlo.
Cuento original "El autobús" de L. Mateo Díez
DIA DE LA MUJER
HOMENAJE
Hoy es el Día de la mujer.
A lo largo de la historia, varios pensadores, humanos y divinos, todos machos, se han ocupado de la mujer, por diversas razones:
- Por su anatomía
Santo Tomás de Aquino: La mujer es un error de la naturaleza, nace de un esperma en mal estado.
Martín Lutero: Los hombres tienen hombros anchos y caderas estrechas. Están dotados de inteligencia. Las mujeres tienen hombros estrechos y caderas anchas, para tener hijos y quedarse en casa.
- Por su naturaleza
San Juan Damasceno: La mujer es una burra tozuda.
Arthur Schopenhauer: La mujer es un animal de pelo largo y pensamiento corto.
- Por su destino
Dijo Alá a Mahoma, según el Corán: Las buenas mujeres son obedientes.
Eduardo Galeano, de su libro "Mujeres"
OTROS NIÑOS ROBADOS
- El marxismo es la máxima forma de patología mental -había sentenciado el coronel Antonio Vallejo Nájera, psiquiatra supremo en la España del generalísimo Francisco Franco.
Él había estudiado, en las cárceles, a las madres republicanas, y había comprobado que tenían instintos criminales.
Para defender la pureza de la raza ibérica, amenazada por la degeneración marxista y la criminalidad materna, miles de niños recién nacidos o de muy corta edad, hijos de padres republicanos, fueron secuestrados y arrojados a los brazos de las familias devotas de la cruz y la espada.
¿Quiénes fueron esos niños? ¿Quiénes son, tantos años después?
No se sabe.
La dictadura franquista inventó documentos falsos, que les borraron las huellas, y dictó orden de olvidar: robó los niños y robó la memoria.
Eduardo Galeano, de su libro "Mujeres"
NOCHES DE HARÉN
La escritora Fátima Mernissi vio, en los museos de París, las odaliscas pintadas por Henri Matisse.
Eran carne de harén: voluptuosas, indolentes, obedientes.
Fátima miró las fechas de los cuadros, comparó, comprobó: mientras Matisse las pintaba así, en los años veinte y treinta, las mujeres turcas se hacían ciudadanas, entraban en la Universidad y en el Parlamento, conquistaban el divorcio y se arrancaban el velo.
El harén, prisión de las mujeres, había sido prohibido en Turquía, pero no en la imaginación europea. Los virtuosos caballeros, monógamos en la vigilia y polígamos en el sueño, tenían entrada libre a ese exótico paraíso, donde las hembras, bobas, mudas, estaban encantadas de dar placer al macho carcelero. Cualquier mediocre burócrata cerraba los ojos y en el acto se convertía en un poderoso califa, acariciado por una multitud de vírgenes desnudas que, bailando la danza del vientre, suplicaban la gracia de una noche junto a su dueño y señor.
Fátima había nacido y crecido en un harén.
Eduardo Galeano, de su libro "Mujeres"
RITA LEVI MONTALCINI, El arte de vivir
En 1986, el Nobel de Medicina fue para Rita Levi Montalcini.
En tiempos difíciles, durante la dictadura de Musolini, Rita había estudiado las fibras nerviosas, a escondidas, en un laboratorio improvisado en algún rincón de su casa.
Años después, tras mucho trabajar, esta tenaz detective de los misterios de la vida descubrió la proteína que se ocupa de multiplicar las células humanas, y recibió el Nobel.
Ya rondaba los ochenta años, y decía:
- El cuerpo se me arruga, pero el cerebro no. Cuando sea incapaz de pensar, sólo quiero que me ayuden a morir con dignidad.
Eduardo Galeano, de su libro "Mujeres"
PROHIBIDO SENTIR
- ¡Oh, figura femenina! ¡Cuán gloriosa eres!
Hildegarda de Bingen creía que la sangre que mancha es la sangre de la guerra, no la sangre de la menstruación, y abiertamente invitaba a celebrar la felicidad de haber nacido mujer.
Y en sus obras de medicina y ciencias naturales, únicas en la Europa de su tiempo, se había atrevido a reivindicar el placer femenino en términos insólitos para su tiempo y su iglesia. Con sabiduría sorprendente en una abadesa puritana, de muy estrictas costumbres, virgen entre las vírgenes, Hildegarda afirmó que el placer del amor que arde en la sangre es más sutil y profundo en la mujer que en el hombre:
- En la mujer, es comparable al sol y a su dulzura, que delicadamente calienta la tierra y la hace fértil.
Un siglo antes que Hildegarda, el célebre médico persa llamado Avicena había incluido en su "Canon" una descripción más detallada del orgasmo femenino, a partir del momento en que los ojos de ella empiezan a enrojecer, su respiración se acelera y comienza a balbucear.
Como el placer era un asunto masculino, las traducciones europeas de la obra de Avicena suprimieron la página.
Eduardo Galeano, de su libro "Mujeres"
EL ZAPATO
En 1919, la revolucionaria Rosa Luxemburgo fue asesinada en Berlín.
Los asesinos la rompieron a golpes de fusil y la arrojaron a las aguas de un canal.
En el camino, ella perdió un zapato.
Alguna mano recogió ese zapato, tirado en el barro.
Rosa quería un mundo donde la justicia no fuera sacrificada en nombre de la libertad, ni la libertad fuera sacrificada en nombre de la justicia.
Cada día, alguna mano recoge esa bandera.
Tirada en el barro, como el zapato.
Eduardo Galeano, de su libro "Mujeres"
Poema para Diane Arbus
“Para
D-Muerta por su propia mano
Mi
querida, me pregunto si antes del fin
pensaste en aquel juego de niños
al que seguramente jugaste, en el que
corres por encima del estrecho muro de un jardín
imaginando que es la cima de una montaña
con insondables precipicios a ambos lados
y cuando sentiste que perdías el equilibrio
saltaste, porque temías caer, y pensaste
sólo por un instante: Es ahora cuando muero.
pensaste en aquel juego de niños
al que seguramente jugaste, en el que
corres por encima del estrecho muro de un jardín
imaginando que es la cima de una montaña
con insondables precipicios a ambos lados
y cuando sentiste que perdías el equilibrio
saltaste, porque temías caer, y pensaste
sólo por un instante: Es ahora cuando muero.
Eso
fue hace una vida. Ahora ya no estás,
te negaste a seguir jugando el juego de los adultos
en el que, manteniendo el equilibrio en la cima que corona la oscuridad
se sigue corriendo sin mirar abajo
y nunca se salta por temor a caer.”
te negaste a seguir jugando el juego de los adultos
en el que, manteniendo el equilibrio en la cima que corona la oscuridad
se sigue corriendo sin mirar abajo
y nunca se salta por temor a caer.”
poema de (Howard Nemerow), su hermano
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