Tierra de sembradura inculta y brava,
tierra en que no hay esteros ni caminos,
mi vida bajo el sol tiembla y se alarga.
Padre, tus ojos dulces nada pueden,
como nada pudieron las estrellas
que me abrasan los ojos y las sienes.
El mal de amor me encegueció la vista
y en la fontana dulce de mi sueño
se reflejó otra fuente estremecida.
Después... Pregunta a Dios por qué me dieron
lo que me dieron y por qué después
supe una soledad de tierra y cielo.
Mira, mi juventud fue un brote puro
que se quedó sin estallar y pierde
su dulzura de sangres y de jugos.
El sol que cae y cae eternamente
se cansó de besarla... Y el otoño.
Padre, tus ojos dulces nada pueden.
Escucharé en la noche tus palabras:
... niño, mi niño...
Y en la noche inmensa
seguiré con mis llagas y tus llagas.
Poesía de Pablo Neruda.
CUMPLEAÑOS
Mi
padre era feliz celebrando su cumpleaños. No le importaba sumar un
año más. Encargaba la tarta en su panadería favorita. Cuando la
recogía acarreaba también con las felicitaciones de las
dependientas. Siempre pedía una tarta de chocolate, era la preferida
de sus nietas. Al llegar el día de su noventa cumpleaños, no lo quiso
celebrar. Como todos los años compraron la tarta de chocolate, pero
no la probó. El pastel le dio miedo. Hoy hace dos años
que cumplió noventa. No hemos comprado tarta. No ha habido
celebración.
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