PRISAS

Se empujaban las nubes,
me empujaba el reloj,
se empujan al subir al tranvía,
me empujaban tus palabras.
El sol ha puesto orden, y ya ha salido.
Al reloj lo he parado, y me he dormido.
El tranvía está parado, es de noche.
Tú te has callado, y yo canto.

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    Hoy no habrá tarta. No habrá tarta porque los muertos no comen, porque no se pueden sentar alrededor de una mesa con los vivos para soplar las velas, ni cantar el cumpleaños feliz, aunque sí cumplen años.

    Los muertos son afortunados, celebran dos aniversarios, el día que nacieron y el día en que han muerto. Nadie sabe cómo son sus fiestas. Quizás alguno se cubra con su sudario como un fantasma, otros simplemente le pongan a su espíritu una pajarita para que esté elegante. Espero que no se vistan de negro, por la noche no los verá nadie. Cuando yo muera me envolveré con una seda china azul para camuflarme con el cielo, a donde dicen que van los difuntos buenos. Y no celebraré mi cumpleaños, odio cumplir años.

    Sin embargo a ti sí que te gustaba celebrarlo, menos el último. Veías que no podías soplar las velas para pedir un deseo, porque qué deseo puede pedir la persona que ve que se acaban sus días.

    No sé a dónde van los muertos como tú, al cielo, estás viajando por el espacio, te has parado en una estrella, o estás jugando un guiñote, no sé dónde estás hoy, pero en donde te encuentres, felicidades papá.