Este es un paisaje de miradas de nata y tejados helados. Es un paisaje helado e indestructible.
Los niños muertos juegan junto al molino con cuévanos vacíos y varas de avellano.
Coronan de laurel y de nieve sus cabezas mientras, tras los marzales, aúllan a la luna, dolor del amarillo.
¡Dolor del amarillo! Hay en la noche cánticos sagrados y láminas de plata y hogueras rumorosas como lenguas de escarcha.
Como si todo fuera igual. Como si no hubieran pasado tantos años.
Poema de Julio Llamazares, de su libro "Memoria de la nieve"