EL SUFISMO, "Los secretos de los pájaros y las flores"

El sufismo, a lo largo de su historia y de sus autores, ha desarrollado abundante material de una gran sutileza y expresividad, que acompaña y aconseja al derviche en su búsqueda y le orienta en las encrucijadas. Los maestros expresan de una y mil formas el camino, sus estados, sus etapas, sus horizontes, sus paisajes, la estrechez de la senda o el peligro que entraña alguno de sus flancos; sus cuestas, sus descansaderos, los vados, y sus recintos seguros. Su terminología siempre es muy precisa y con mucha frecuencia también es técnica, simbólica, pero cargada de eficacia; bella, pero solo para el que ha limpiado sus discernimiento; sensible, pero austera en su expresión. Es una terminología exclusiva, de gente de conocimiento. 
El autor de este libro, Izzdin Al-Muqaddasi. Se sabe poco de él, excepto que parece haber muerto en el último cuarto del siglo XIII. Fue sin duda un místico realizado en el camino hacia el Creador. 
A lo largo de su obra aporta innumerables referencias al trabajo espiritual. El Creador   se ve en la creación y la creación manifiesta la belleza y la perfección de su Creador: "Cuando la nube consideró que el momento era favorable para expresarse en su lenguaje silencioso, dejó caer algunas lágrimas, se extendió y se agitó entre las ondas del viento". Para contrarrestar el sentimiento de vanidad que le genera el narciso, expresa: "Cuando reflexiono sobre mis imperfecciones, no puedo más que bajar la mirada lleno de confusión; y cuando medito sobre el porvenir, pienso en el momento fijado por el destino para poner fin a mi existencia". Si se trata de reclamar lo perenne frente lo transitorio, el sauce dice: "Los cuerpos perecen, pero las almas no mueren.  Nuestra belleza exterior se desvanece, pero nuestra esencia continua su vida. ¿Quién puede dudar de la diferencia entre lo que éramos y lo que seremos?. Y la violeta dice: "para quien desea meditar y aprender, soy un motivo de estudio, pues las enseñanzas que se pueden extraer de mi manera de ser llaman la atención".  
El jazmín:
    Cuando aspiro el jazmín, un augurio
de felicidad me embarga. Deja de
quejarte, pues la queja es una forma de
vergüenza; y no desesperes, porque la
desesperación es un error. 

Fragmentos del libro "Los secretos de los pájaros y las flores"
de  Izzdin Al-Muqaddasi  . Siglo XIII

LOS DELFINES

Los delfines no juegan en las olas 
como la gente cree.
Los delfines se duermen bajando hasta el fondo del mar.
¿Qué buscan? No sé.
Cuando tocan el fin del agua
despiertan bruscamente
y vuelen a subir porque el mar es muy profundo
y cuando suben ¿qué buscan? No sé.
Y ven el cielo y les vuelve a dar sueño
y vuelven a bajar dormidos,
y vuelven a tocar el fondo del mar
y se despiertan y vuelen a subir.
Así son nuestros sueños.


Poesía de Silvina Ocampo

sobre la historia

La historia es una de las técnicas que se transmiten de nación a nación, de pueblo a pueblo; que en pos de ella van los estudiosos hasta países remotos, siendo esta ciencia anhelada aun por el vulgo y la gente ociosa; compiten en su campo reyes y principales, y es asimilada al propio tiempo por los instruidos como por los ignorantes.

Ibn Khaldün

YO

Hubo un tiempo en que siempre era Yo. No había nadie más. Yo era feliz viviendo sola. Todo lo que Yo necesitaba estaba allí. Y a Yo le gustaba el lugar.

Pero entonces llegó Tú y quiso que Yo hiciera lo mismo que él. Hasta le cambió el nombre: la llamó Nosotros.

Nosotros. Yo desconocía esa palabra. Era muy larga y no le gustaba nada. Un día Yo, le regaló a Tú una fruta y mientras la engullía le sonreía agradecido. Yo también sonreía al mirar a Tú. Aún no había terminado de saborearla cuando llegaron ellos y se lo llevaron. Yo siguió sonriendo mientras miraba el árbol. Sólo Yo sabía su secreto.

DÍA INTERNACIONAL DE LA INFANCIA

 Ir a la escuela cuando lo único que ves en el cielo no son nubes sino aviones que no paran de bombardear tu ciudad no debe ser fácil. Tampoco debe ser quedar con tu grupo de clase para ir al colegio y estar todos los días haciendo recuento por si hay alguna baja. Ni que, de camino, te topes con el ejército o la policía y decidan si ese día puedes ir a clase mientras te cachean o, incluso, te pegan o te violan.

Fragmento de la carta de
Esteban Beltrán
Director de Amnistía Internacional-Sección Española

AVERROES

Frases de Averroes, 

Filósofo hispanoárabe del siglo XII

- Todas las religiones son obras humanas y, en el fondo, equivalentes; se elige entre ellas por razones de conveniencia personal o de circunstancias.


-Es hermoso lo que conviene a la inteligencia y es feo lo que la repugna.  No es posible que Dios nos haya dado inteligencia y leyes que nos opongan a ella.


- Cuatro cosas no pueden ser escondidas durante largo tiempo: la ciencia, la estupidez, la riqueza y la pobreza.

PELO DE PERRO

 "Para Ruper"

El perro se ha ido. Lo echamos de menos. Cuando suena el timbre, nadie ladra. Cuando volvemos tarde a casa, no hay nadie esperándonos. Seguimos encontrándonos pelos blancos aquí y allí por toda la casa y en nuestra ropa. Los recogemos. Deberíamos tirarlos. Pero es lo único que nos queda de él. No los tiramos. Tenemos la esperanza de que si recogemos suficiente pelo, seremos capaces de recomponer al perro. 
  

 Cuento de Lydia Davis

LA PRIMERA

      Nací dos meses después que tú en el mismo edificio. Tú en el piso principal, yo en la portería. Eso hizo que siempre fuera tu sombra. Si te oía llorar, lloraba. Si te oía jugar, quería reír contigo. Las dos éramos la hija segunda, pero tú fuiste la deseada, yo, la repetida. Para ti el gorrito rosa, para mí el azul que gritaba a todos los que se asomaban a mi carrito, a quién esperaban en casa. Las dos con abrigo blanco.
     Fui la primera en andar, mientras daba los primeros pasos tú mirabas sentada mis equilibrios, pero a los pocos meses ahí estaba la lesión en mi cadera. Y fuiste tú la que más corría.
      De la mano entramos en el aula: batas iguales, lazo en la cabeza, compañeras de pupitre. Sin embargo, tú destacaste enseguida entre todas las niñas por lo rápido que aprendías. A mí apenas me daba tiempo de entender lo que explicaba la profesora, eras tú la que me ayudaba con los deberes.
      Crecimos amigas, juegos, complicidad, secretos, hasta que te fuiste a vivir a la ciudad. Te marchaste a estudiar en la universidad. Yo conseguí un trabajo en el pueblo y aquí me encontrabas cada vez que volvías a casa de tus padres.
     Nos vimos poco a partir de que te convertiste en una importante ejecutiva de una multinacional porque estabas muy ocupada. Tu madre no dejaba de repetirlo.
      Ni tú con tu vida de éxitos, ni yo con mi vida entre sombras, teníamos pareja. En eso las dos éramos iguales.
      Viniste a verme al enterarte de que estaba en el hospital. Me contaste todos tus proyectos y yo también te expliqué mis planes para cuando saliera de la clínica.
      Ahora estamos otra vez juntas, mirándonos, cada una a un lado del cristal. Yo con los ojos cerrados, tú llorosos. Tú siempre espléndida luciendo un elegante abrigo de paño negro. Yo discreta, dentro de un saco blanco. Tú viva. Yo muerta. Esta vez si he sido la primera. 


de mi libro "Relatos negros" 

DE FEMINISTAS....

Si hacemos algo una y otra vez, acaba siendo normal. Si vemos la misma cosa una y otra vez, acaba siendo normal. Si sólo vemos hombres presidiendo empresas, empezará a parecernos "natural" que sólo haya hombres presidiendo empresas. 

La persona más cualificada para ser líder ya no es la persona con más fuerza física. Es la más inteligente, la que tiene más conocimientos, la más creativa o la más innovadora. 

La situación actual en materia de género es muy injusta. Pero tengo esperanza, porque creo firmemente en la capacidad de los seres humanos para reformularse en sí mismos para mejor. 

El género importa en el mundo entero. Pido un mundo más justo. Un mundo de hombres y mujeres más felices y más honestos consigo mismo. Y esta es la forma de empezar: Debemos educar a nuestras hijas de otra forma. Y también a nuestros hijos.

¿Por qué el éxito de una mujer ha de ser una amenaza para el hombre?
"Feminista: persona que cree en la igualdad social, política y económica de los sexos"

Reflexiones junto con Chimamanda Ngozi Adichie

ANA MARÍA NAVALES, poetisa aragonesa

ANTES DE ESCRIBIR UN POEMA
Antes de escribir el poema,
con el lápiz en la mano
y el silencio hecho palabra,
me pregunto a quién demonios
interesa si este mar
ya no es azul ni si mi vida
de hoy es la que antes era.
Y si es lamento
o violín lo que suena
ahora en mi casa.
O a quién irán estos versos
y quién se aventurará conmigo
buscando esa luz inútil
que conduzca a una salida.
Éste es un viaje
sin más brújula que el viento
ni más compañía
que este miedo y esta noche.


Ana María Navales, de su libro “Contra las palabras”

ESTADOS DE ÁNIMO

Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.
Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.
A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.

Poema de MARIO BENEDETTI

CERO

Mi saldo disminuye cada día
Qué digo cada día
Cada minuto cada
Bocanada de aire

Muevo mis dedos como si pudieran
Atrapar o atraparme
Pero mi saldo disminuye
Muevo mis ojos como si pudieran
Entender o entenderme
Pero mi saldo disminuye
Muevo mis pies cual si pudieran
Acarrear o acarrearme
Pero mi saldo disminuye

Mi saldo disminuye cada día
Qué digo cada día
Cada minuto cada
Bocanada de aire

Y todo porque ese
Compinche de la muerte
El cero
Está esperando


Poema de MARIO BENEDETTI

NOSTALGIA

¿De qué se nutre la nostalgia?
Uno evoca dulzuras
cielos atormentados
tormentas celestiales
escándalos sin ruido
paciencias estiradas
árboles en el viento
oprobios prescindibles
bellezas del mercado
cánticos y alborotos
lloviznas como pena
escopetas de sueño
perdones bien ganados
pero con esos mínimos
no se arma la nostalgia
son meros simulacros
la válida la única
nostalgia es de tu piel


Poema de MARIO BENEDETTI

EL SUR TAMBIÉN EXISTE

Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus sabios clandestinos
su canto de sirenas
sus cielos de neón
sus ventas navideñas
su culto de dios padre
y de las charreteras
con sus llaves del reino
el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
el hambre disponible
recurre al fruto amargo
de lo que otros deciden
mientras el tiempo pasa
y pasan los desfiles
y se hacen otras cosas
que el norte no prohibe
con su esperanza dura
el sur también existe

con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
con sus gesta invasora
el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
cada uno en su escondite
hay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol
y también los eclipses
apartando lo inútil
y usando lo que sirve
con su fe veterana
el Sur también existe

con su corno francés
y su academia sueca
su salsa americana
y sus llaves inglesas
con todos su misiles
y sus enciclopedias
su guerra de galaxias
y su saña opulenta
con todos sus laureles
el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el Sur también existe

Poema de MARIO BENEDETTI

AYER

Ayer pasó el pasado lentamente
con su vacilación definitiva
sabiéndote infeliz y a la deriva
con tus dudas selladas en la frente

ayer pasó el pasado por el puente
y se llevó tu libertad cautiva
cambiando su silencio en carne viva
por tus leves alarmas de inocente

ayer pasó el pasado con su historia
y su deshilachada incertidumbre/
con su huella de espanto y de reproche

fue haciendo del dolor una costumbre
sembrando de fracasos tu memoria
y dejándote a solas con la noche.


Poema de MARIO BENEDETTI

ADELANTE LAS HUMANIDADES

Una experiencia incesante, la vida. Vamos aprendiendo a mirar, a asombrarnos de la naturaleza que nos rodea: los árboles, las nubes, la luz, el mar, la tierra, los frutos de la tierra. Fueron los primeros filósofos los que nos iniciaron en ese asombro y empezaron a especular, a “teorizar”, -que es una forma de mirar- sobre lo que llamaron stoijeia, los “elementos”, los principios fundamentales de la vida: el agua, el aire, la tierra.
No podríamos imaginar en nuestro mundo tecnológico –fruto, en sus orígenes, de la ciencia, de la pasión por conocer -que, de pronto, nos dijera algo así como: mañana no habrá aire, mañana, nunca más habrá agua. Nos sobraría ya todo, no habría prodigio técnico capaz de compensarlo. Y también la luz: esa posibilidad de experimentar el asombro y, en él, la unión con el mundo en el que estamos, y transformarnos en esa luz interior, en la que nos vemos y en la que somos.
Pero esta luz interior, este descubrimiento del “gozo de los sentidos, (aistheséom agápesis) (Met. I.980a) estuvo determinada por una nueva forma de mirar, y unos nuevos objetos “ideados” “mirados”, que la tradición latina llamará conceptos, o sea algo concebido por la mente y que habrían de forjar un nuevo universo de palabras “elementales”. Palabras que ya no indicaban el mundo entorno, que no señalaban la realidad: la dureza de la tierra, el soplo del aire, el contacto fluyente, viviente, del agua.
En esa constelación de significados se hizo presente algo que no podíamos tocar, no podíamos percibir con los sentidos, sino con esa luz interior, nacida en el corazón del lenguaje y que nos ha hecho comunicación y humanidad, que nos ha transformado en
palabra. Esos elementos se llamaron “Verdad”, Bien”, “Belleza” (Alétheia, Agathón, Kalón). Puras voces, puro aire semántico que nada señalaban fuera de sí mismo, pero
cuya mismidad empezó a hacerse tan imprescindible como el aire o el agua.
Los elementos de la cultura irradiaron hacia un horizonte ideal de la vida humana y están, por ello, en el origen de ese también sorprendente concepto: Humanidades. Un término que se nos ha hecho familiar, y que, por esa misma familiaridad, podríamos resbalar, sin darnos cuenta, por el fecundo territorio de sus significados.
Aunque no es el momento de adentrarnos por ese dominio semántico, y descubrir algo de su historia y de su aliento, me gustaría anticipar que esa palabra, llena de vida, las “humanidades”, es fruto de un largo proceso cultural. Es un ideal en la memoria colectiva y,
sobre todo, resultado no sólo de la “teoría”, de la mirada, sino que es fuerza, dinamismo, riqueza para la sociedad. Las humanidades se aprenden, se comunican. Las necesitamos para hacernos quienes somos, para saber qué somos y, sobre todo, para no cegarnos en lo que queremos, en lo que
debemos ser.
La verdad era fundadora de convivencia, estructura esencial en el comportamiento de la sociedad: un espejo que refleja en lo dicho la conformidad y el acuerdo del ser que lo decía.
Pero el cielo ideal de las Humanidades, está en la realidad lleno de nubarrones violentos. Basta abrir los periódicos o escuchar las noticias. Y esa oscuridad nos lleva a pensar si es prodigiosa invención de las “humanidades” no se nos ha deteriorado y si, a pesar de los indudables progresos reales, el género humano no ha logrado superar la ignorancia y su inevitable compañía, la violencia, la crueldad. El “género humano”, esa trivializada expresión, convertida en “desgénero humano”, en una degeneración.
Hay otro concepto, en ese territorio ideal, en esos elementos inventados por la cultura y su lenguaje, que se llamó “Bien” “Bondad”. Si analizamos los primeros textos donde aparece esa palabra, descubrimos que el Bien –tò agathón– la excelencia, la virtud, la conciencia moral y todo lo
que se encerraba en la palabra areté, fue surgiendo y evolucionando desde el cobijo del clan familiar. El bien se levantó desde ese espacio de mutua ayuda y protección con que la naturaleza asimila, alienta y sostiene sus propios productos.
Efectivamente el bien suponía, frente a la idea de un bien absoluto, una perspectiva
humana. Una mirada, pero desde dentro de uno mismo. Un texto de la Ética aristotélica dice que todos los hombres buscan el bien; pero ese bien está determinado por la “apariencia” (phainómenon) con la que se nos hace presente. La apariencia es, pues, lo que ve nuestra mente, lo que siente nuestro corazón, lo que construye la mirada interior que forja la propia humanidad. Y ese bien, como la verdad, se aprende en la cultura que no es, en su origen, sino pedagogía, educación.
No es extraño que la belleza fuera unida a la bondad (kalós kaì agathós). Todo ello implicaba el despertar, ante nuestros ojos, ante nuestros oídos de ese horizonte de las
Humanidades.
II
Una famosa intuición de la filosofía griega, atribuida a Protágoras, nos dice que “el hombre es la medida de todas las cosas”. Y sabemos que es cierto, que nuestra intimidad es el misterio que oculta esa perspectiva con la que nos acercamos al mundo.
Pero ese homo mensura que manifiesta la esencia de nuestra personalidad, del ser que somos o que estamos llegando a ser, nos enfrente a otras cuestiones sustanciales:
¿Quién mide en nosotros?
¿Qué medimos?
¿Cómo medimos?
Y en definitiva:
¿Quién nos enseña a medir?
La educación, la paideía, inicia, ya en la infancia, ese proceso de construir el “quien” que mide en nosotros. Los reflejos mentales, los posibles reflejos condicionados que, como en el famoso experimento de Pavlov, inyecta en las neuronas, el lenguaje de los medios de comunicación, de nuestros, digamos, educadores, determina, condiciona, esclavizándola o liberándola, nuestra vida y nuestra persona. Aunque lo importante no son tanto los medios, sino las fuentes, los orígenes, los manantiales de los que brota todo lo que esos medios “mediatizan”.
Estoy convencido de que los maestros, los profesores, son conscientes de ese privilegio de la comunicación, de esa forma suprema de “humanidades”. Ese anhelo de superación, de cultura, de cultivo es, tal vez, la empresa más necesaria en una colectividad, en una “polis” y en su memoria. En ella, en esa educación de la libertad, alienta el futuro, el de la verdad, el de la lucha por la igualdad, por la justicia, por la inteligencia.
Quisiera recordar, en este momento un poema de Brecht que habla del nacimiento del libro de Lao-tsé cuando iba a la emigración. Al pasar una frontera, el aduanero le pregunta si tiene alguna cosa que declarar. Ninguna, dice. Y el joven que le acompañaba añade: “Er hat gelehrt”. Ha podido hablar, comunicarse, enseñar, existir en las palabras.
“Y así quedó todo claro

EMILIO LLEDÓ ÍÑIGO

POESÍA


Dirán                                                            Esanen dute
que esto                                                        hau
no es                                                             poesía
poesía,                                                          eztela,
pero                                                              baina nik
yo les diré                                                     esanen diet
que la poesía                                                poesía
es                                                                  mailu bat
un martillo.                                                   dela.
        Gabriel Aresti                                             Gabriel Aresti

POESÍA VASCA, hoy Gabriel Aresti


LA CASA DE MI PADRE
       A DE MI PADRE


SIEMPRE DIRÉ…
Siempre diré
la verdad.
De mi boca no saldrá palabra
que no sea verdad.
Me romperán los labios,
se me caerán los dientes,
me cortarán la lengua,
pero
yo
nunca
mentiré.
Y si alguna vez,
rompiendo mi juramento,
digo una mentira,
será
para que el sol no se oscurezca,
para que la luna alumbre,
para que la rosa gane algún pétalo,
para que el clavel no pierda su perfume,
para que el niño siempre goce de la teta
y para que a la doncella
se le vaya la virginidad
con nobleza.
Piedra y pueblo, 1974.
              Gabriel Aresti






la casa de mi padre.DEFENDERÉ LA CASA DE MI PADRE

Defenderé
la casa de mi padre.
Contra los lobos,
contra la sequía,
contra la usura,
contra la justicia,

Defenderé
la casa de mi padre.
Contra los lobos,
contra la sequía,
contra la usura,
contra la justicia,

Defenderé
la casa de mi padre.
Contra los lobos,
contra la sequía,
contra la usura,
contra la justicia,
defenderé
la casa
de mi padre.
Perderé
los ganados,
los huertos,
los pinares;
perderé
los intereses,
las rentas,
los dividendos,
pero defenderé la casa de mi padre.
Me quitarán las armas
y con las manos defenderé
la casa de mi padre;
me cortarán las manos
y con los brazos defenderé
la casa de mi padre;
me dejarán
sin brazos,
sin hombros
y sin pechos,
y con el alma defenderé
la casa de mi padre.
Me moriré,
se perderá mi alma,
se perderá mi prole,
pero la casa de mi padre
seguirá
en pie.
la casa
de mi padre.
Perderé
los ganados,
los huertos,
los pinares;
perderé
los intereses,
las rentas,
los dividendos,
pero defenderé la casa de mi padre.
Me quitarán las armas
y con las manos defenderé
la casa de mi padre;
me cortarán las manos
y con los brazos defenderé
la casa de mi padre;
me dejarán
sin brazos,
sin hombros
y sin pechos,
y con el alma defenderé
la casa de mi padre.
Me moriré,
se perderá mi alma,
se perderá mi prole,
pero la casa de mi padre
seguirá
en pie.
la casa
de mi padre.
Perderé
los ganados,
los huertos,
los pinares;
perderé
los intereses,
las rentas,
los dividendos,
pero defenderé la casa de mi padre.
Me quitarán las armas
y con las manos defenderé
la casa de mi padre;
me cortarán las manos
y con los brazos defenderé
la casa de mi padre;
me dejarán
sin brazos,
sin hombros
y sin pechos,
y con el alma defenderé
la casa de mi padre.
Me moriré,
se perderá mi alma,
se perderá mi prole,
pero la casa de mi padre
seguirá
en pie.


Contra los lobos,
contra la sequía,
contra la usura,
contra la justicia,
defenderé
la casa
de mi padre.
Perderé
los ganados,
los huertos,
los pinares;
perderé
los intereses,
las rentas,
los dividendos,
pero defenderé la casa de mi padre.
Me quitarán las armas
y con las manos defenderé
la casa de mi padre;
me cortarán las manos
y con los brazos defenderé
la casa de mi padre;
me dejarán
sin brazos,
sin hombros
y sin pechos,
y con el alma defenderé
la casa de mi padre.
Me moriré,
se perderá mi alma,
se perderá mi prole,
pero la casa de mi padre
seguirá
en pie.

 
Defenderé
LA CASA DE MI PADRE
        Gabr

 
Defenderé
la casa de mi padre.
Contra los lobos,
contra la sequía,
contra la usura,
contra la justicia,
defenderé
la casa
de mi padre.
Perderé
los ganados,
los huertos,
los pinares;
perderé
los intereses,
las rentas,
los dividendos,
pero defenderé la casa de mi padre.
Me quitarán las armas
y con las manos defenderé
la casa de mi padre;
me cortarán las manos
y con los brazos defenderé
la casa de mi padre;
me dejarán
sin brazos,
sin hombros
y sin pechos,
y con el alma defenderé
la casa de mi padre.
Me moriré,
se perderá mi alma,
se perderá mi prole,
pero la casa de mi padre
seguirá
en pie.

la casa de mi padre.
Contra los lobos,
contra la sequía,
contra la usura,
contra la justicia,
defenderé
la casa
de mi padre.
Perderé
los ganados,
los huertos,
los pinares;
perderé
los intereses,
las rentas,
los dividendos,
pero defenderé la casa de mi padre.
Me quitarán las armas
y con las manos defenderé
la casa de mi padre;
me cortarán las manos
y con los brazos defenderé
la casa de mi padre;
me dejarán
sin brazos,
sin hombros
y sin pechos,
y con el alma defenderé
la casa de mi padre.
Me moriré,
se perderá mi alma,
se perderá mi prole,
pero la casa de mi padre
seguirá
en pie.

MÁS NERUDA


MIGRACIÓN


Ave del mar, espuma migratoria,
ala del Sur, del Norte, ala de ola,
racimo desplegado por el vuelo,
multiplicado corazón hambriento,
llegarás, ave grande, a desgranar
el collar de los huevos delicados
que empolla el viento y nutren las arenas
hasta que un nuevo vuelo multiplica
otra vez vida, muerte, desarrollo,
gritos mojados, caluroso estiércol,
y otra vez a nacer, a partir, lejos
del páramo y hacia otro páramo.


Pablo Neruda

HOY LEEMOS A PABLO NERUDA

Poemas del  "Libro de las Preguntas"

XLIV

Dónde está el niño que yo fui,
sigue adentro de mí o se fue?

Sabe que no lo quise nunca
y que tampoco me quería?

Por qué anduvimos tanto tiempo
creciendo para separarnos?

Por qué no morimos los dos
cuando mi infancia se murió?

Y si el alma se me cayó
por qué me sigue el esqueleto?


LXXII

Si todos los ríos son dulces
de dónde saca sal el mar?

Cómo saben las estaciones
que deben cambiar de camisa?

Por qué tan lentas en invierno
y tan palpitantes después?

Y cómo saben las raíces
que deben subir a la luz?

Y luego saludar al aire
con tantas flores y colores?

Siempre es la misma primavera
la que repite su papel?


VII

Es paz la paz de la paloma?
El leopardo hace la guerra?

Por qué enseña el profesor
la geografía de la muerte?

Qué pasa con las golondrinas
que llegan tarde al colegio?

Es verdad que reparten cartas
transparentes, por todo el cielo?

NO TE RINDAS

No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras,
enterrar tus miedos,
liberar el lastre,
retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros,
y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda,
 y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma
aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
porque lo has querido y porque te quiero
porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa,
ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
desplegar las alas
 e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños.
Porque cada día es un comienzo nuevo,
porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo, porque yo te quiero.


poema de  MARIO BENEDETTI, para mi hija


EL MAR

Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur.
Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
-¡Ayúdame a mirar!

  Poesía de Eduardo Galeano, para mi padre

“La literatura árabe en Al-Andalus”

Tu también eres ¡oh palma!
en este suelo extranjera.
Llora,  pues; mas siendo muda,
¿cómo has de llorar mis penas?
Tú no sientes, cual yo siento,
el martirio de la ausencia.
Si tú pudieras sentir,
amargo llanto vertieras.
A tus hermanas de Oriente
mandarías tristes quejas,
a las palmas que el Éufrates
con sus claras ondas riega.
Pero tú olvidas la patria,
a la par que la recuerdas;
la patria de donde Abbas
y el hado adverso me alejan.

texto árabe recogido en la obra de Shuki Dief 

A todos los Sirios 

Poema de "El collar de la paloma"

Mi amor por ti, 
que es eterno por su propia esencia,
ha llegado a su apogeo, y no puede ni menguar ni crecer.
No tiene más causa ni motivo que la voluntad de amar.
¡Dios me libre de que nadie le conozca otro!
Cuando vemos que una cosa tiene su causa en sí misma,
goza de una existencia que no se extingue jamás;
pero si la tiene en algo distinto,
cesará cuando cese la causa de que depende.
 
 Inb Hazm
 poema lírico andalusí de "El collar de la paloma". Siglo XI

IBN HAZM, poeta cordobés

"Dejad de prender fuego a pergaminos y papeles, 
 y mostrad vuestra ciencia para que se vea quien es el que sabe.  
Y es que aunque queméis el papel  
nunca quemaréis lo que contiene,  
puesto que en mi interior lo llevo,  
viaja siempre conmigo cuando cabalgo,  
conmigo duerme cuando descanso,  
y en mi tumba será enterrado luego"


Abu Muhammad `Ali ibn Ahmad ibn Sa`id ibn Hazm  


دعـوني من إحراقِ رَقٍّ وكـاغدٍ وقولوا بعلمٍ كي يرى الناسُ من يدري

ABUELAS

Mi abuela era pequeñita. Andaba encorvada debido al peso de una enorme concha que decidió vivir sobre su espalda. Su pelo estaba bañado de plata. Siempre lo llevaba recogido en un moño. Sus ojos oscuros barrían el suelo con la mirada.
Era muy joven cuando su marido se quedó en el monte para cuidar un rebaño fantasma. Desde entonces vivió con sus tres hijos, delgados como palos, en los que se apoyaba para andar. Era madrugadora. Todos los días iba al obrador de la pastelería para proyectar dulces. En su casa hacía empanadillas, entonces invitaba a sus nietas a merendar. Un día se fue de vacaciones, al volver se había cansado de vivir.





Mi abuela era muy grande. Su enorme cuerpo se movía despacio y para andar lo sujetaba con las manos apoyadas en las caderas. La cabeza erguida la adornaba con un moño plateado. Sus ojos, siempre muy abiertos, un día se quedaron mirando al vacío.
Vestía de negro desde que su primera hija una noche decidió irse a jugar con las sombras. Los hijos que se quedaron a su alrededor no lograron pintarle la ropa. Le gustaba leer, y se inventaba historias que luego contaba en las noches de invierno a su nieta. Adoraba su casa, y tomaba el sol en la puerta de la calle mientras hablaba con sus fantasmas. Cuando no pudo hacerlo, decidió irse con ellos.


LA SERPIENTE GRIS



La carretera dividía el pueblo en dos. A su izquierda asomaba una hilera de calles. Casi todas ascendían hacia la colina, que con su tierra roja, pintaba las fachadas de los edificios los días de viento. Las casas, renqueantes, se apoyaban unas en otras acusando el cansancio de tantos años. En ese lado estaba la plaza, la iglesia, el ayuntamiento, la fuente, la ermita, las eras, los pajares. Las fábricas repartidas aquí y allá esparciendo su olor a cuero, la escuela, el cine. Mi casa.

El lado derecho era llano. Las casas se erguían majestuosas siguiendo la línea ondulada del asfalto. De nuevo más fábricas, la acequia, el río, el puente, las huertas, el cementerio.

Cada domingo, su pavimento contemplaba el brillo de los zapatos recién estrenados de los vecinos. Todos salían luciendo sus trajes de fiesta. Todos paseaban siguiendo el camino que les marcaba. Nadie oía su tenue y placentero silbido.

Era la que mandaba por donde iban a discurrir las procesiones solemnes, las charangas, los conciertos de la banda de música y los lentos cortejos fúnebres que, al llegar el momento de la despedida, los conducía hasta el campo santo.

A los lugareños de más edad los colocaba en dos bancos de piedra muy gastados por el uso y emplazados uno a cada lado de sus orillas. Pasaban sus días hablando con el de al lado, otros, simplemente miraban sus recuerdos. Al acercarse su final, todos oían su siseo.

De cuando en cuando, un coche la atravesaba despacio para no molestarla. Se retorcía y enroscaba cuando circulaban los camiones cargados de cajas llenas de zapatos, porque aplastaban su tierra. Y trataba de ahogarlos, estrechando alguno de sus tramos

Al único que soportaba era al autobús de línea, porque le traía nuevos habitantes y se llevaba a los que a ella le disgustaban. Todos los días, a las once de la mañana y de nuevo a las cinco de la tarde, una comitiva de viajeros se deslizaba por su columna gris y los conducía directamente al garaje.

Una tarde de enero, atraídas por su silbo, mi madre, mi hermana y yo, acompañadas por mi tía y mis primos, recorrimos la calzada plomiza hasta la estación de autobuses sin pronunciar palabra. Todas íbamos mirando el suelo, Arrastrando la despedida.

Cuando subimos al vehículo, ocupamos los últimos asientos y con la nariz pegada al cristal les dije adiós a mi tía, a mis primos, a mis amigas, a mi escuela. A mi casa. Mientras el autobús se deslizaba por la serpiente gris, mi hermana reía sentada en las piernas de mi madre agarrada a su muñeca.

DOS



Quise nacer de la mano de mi hermana gemela. Desde siempre habíamos estado así, agarradas. Al salir nos separaron. Ella fue la primera. Mi madre no esperaba que vinieran dos niñas, y a la segunda no la quiso ver.

A mi hermana si le habían preparado una cunita. Sábanas bordadas, mantas de algodón y suaves pañales. Cuando aparecí en escena, mi madre ya la estaba acunando entre sus brazos. Mi padre miraba con cara de preocupación el decorado y el médico seguía haciendo su trabajo conmigo.

El doctor se cansó de insistir. Mi padre para entonces me había encargado una cajita blanca y una mortaja. Allí me colocaron, sola, sin mi hermana. A ella se la quedó mamá. A mí me guardaron en un lugar oscuro, desde donde la llamo para que venga a jugar conmigo.

LA MUJER A LA QUE NO QUISE MATAR

Yo no quería matarla, pero el caso que ahí estaba, tendida en el suelo. Con el corazón abierto. La sangre y la vida se iban de su cuerpo manchando su vestido y la calle. Estábamos en guerra.

La piel del rostro ya rozaba el color de la cera. El pelo, peinado en un moño, descansaba sobre el pavimento. Sólo un mechón se había escapado cubriéndole la frente. Los ojos, que permanecían abiertos queriendo ver el resto de la escena, alguien se acercó a cerrárselos. El vestido, salpicado de flores muy pequeñas, quedó extendido sobre la acera cubriendo parte de unas piernas desmayadas por el impacto de la descarga. Y el zapato izquierdo continuaba muy serio esperando al pie que ya no escondería.

Estábamos en guerra. Nos habían mandado a buscar a un fugitivo que se escondía en su casa. Ella abrió la puerta. Yo vi la sombra del hombre. Iba a escaparse, y disparé. Estábamos en guerra. Sólo cumplíamos órdenes.

Yo la conocía. Se llamaba Inés, vivía en el pueblo con su familia. Era costurera. Era muy joven y simpática. Le gustaba leer y bailar. Era del bando contrario. Yo esperaba que nadie como ella nunca se cruzara en mi camino. Estábamos en guerra y cumplía órdenes. Mis superiores me habían enseñado cuál era mi deber. Ahora al mirarla, estaba dudando.

La sangre se iba deslizando por las flores de su vestido y todo se había vuelto rojo. También le había manchado el brazo. El mechón seguía tapándole la frente. Las uñas las llevaba pintadas. Su familia aullaba dentro de la casa sin atreverse a salir. Tampoco los vecinos. Yo seguía parado frente a ella con el fusil en la mano. Estábamos en guerra y esperaba órdenes.

Me quité la guerrera para cubrirla. La sangre seguía rezumando de su pecho cada vez más despacio. El pelo estaba perdiendo brillo y el aire deshacía el moño. Por sus manos desfallecidas ya no pasarían más hilos, ni más telas. Todas las que esperaban convertirse en trajes elegantes, se quedarían en la estantería.

-Chico, nos vamos.

Seguí allí parado, sin decir nada, con mi guerrera en la mano.

Era una joven que le gustaba leer y bailar. Yo la conocía. Ahora estaba muerta.

Hubo un silencio y de nuevo el camarada repitió:

-Ponte la zamarra chico, nos vamos. Estamos en guerra y debemos seguir cumpliendo órdenes.


YO PASTOREO PECES

Soy Babá. Tengo ocho años, pero no soy un niño, soy una forma inmortal y no tengo ocho años, tengo mil. He vivido siempre y siempre viviré. 
                       Comienzo de "Chicos de campo",   cuento de Willian Goyen
 
Nací en una familia de piel muy oscura. Mis abuelos, mis padres, mis hermanos: Khaled, Tupsy, Rahim y yo, todos éramos del color de la noche. Y por lo que contaba mi abuelo habíamos sido así desde que él y su abuelo tenían memoria.
Mi padre pastoreaba un rebaño insignificante de cabras esqueléticas. Siempre regresaban a casa envueltas en una nube de polvo que nos hacía toser a mis hermanos y a mí. No llovía nunca. Todo estaba seco. La hierba crecía lejos, casi a media jornada del pueblo, así que los animales debían comer deprisa para que diera tiempo a volver antes de anochecer.
Khaled, Tupsy, Rahim y yo, éramos además muy delgados, tanto, que a la hora de dormir cabíamos todos en la misma estera. A veces nuestra comida era más escasa que la de las cabras, y Khaled, Tupsy, Rahim y yo llorábamos mordiendo la falda de mi madre.
Un día, mi padre decidió que Khaled, Tupsy y yo, fuéramos a buscar comida a un país donde el agua era abundante, aunque dicen que en ese país los hombres tienen el pelo del color de la hierba seca. El viaje era largo. Había que cruzar el mar. Más tarde, cuando creciera, también vendría Rahim.
Por el camino nos encontramos con otros muchachos que iban al mismo lugar. A algunos les acompañaban sus parientes para que no se extraviaran.
Llegamos al mar. Mis hermanos y yo subimos a una barcaza enorme. Íbamos muy apretados. La barca empezó a moverse demasiado. Las olas nos empujaban, una, otra. Se oían muchos gritos. Yo miraba a Khaled y a Tupsy y veía cómo sus caras iban perdiendo color, se desdibujaban, cada vez eran más borrosas, cada vez más lejanas. Intenté agarrarme, pero sólo había agua entre mis dedos. No distinguía a mis hermanos. Sólo me rodeaban unas sombras negras que miraban con ojos mojados.
Mi padre pastoreaba un rebaño de cabras esqueléticas. Yo pastoreo un rebaño de peces. Quizás Rahim siga mordiendo la falda de mi madre. No recuerdo los años que llevo viviendo entre húmedos fantasmas. Casi he olvidado cómo era mi vida entre el polvo y las cabras. Nunca he vuelto a ver a mis hermanos. En mi memoria se han perdido sus caras. Yo soy una forma inmortal. Hubo un tiempo en que tenía ocho años.
               "A todos los africanos que tienen que abandonar su hogar"
              

HOY, 14 DE ABRIL

Los Nadies
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Poema de Eduardo Galeano