DOS



Quise nacer de la mano de mi hermana gemela. Desde siempre habíamos estado así, agarradas. Al salir nos separaron. Ella fue la primera. Mi madre no esperaba que vinieran dos niñas, y a la segunda no la quiso ver.

A mi hermana si le habían preparado una cunita. Sábanas bordadas, mantas de algodón y suaves pañales. Cuando aparecí en escena, mi madre ya la estaba acunando entre sus brazos. Mi padre miraba con cara de preocupación el decorado y el médico seguía haciendo su trabajo conmigo.

El doctor se cansó de insistir. Mi padre para entonces me había encargado una cajita blanca y una mortaja. Allí me colocaron, sola, sin mi hermana. A ella se la quedó mamá. A mí me guardaron en un lugar oscuro, desde donde la llamo para que venga a jugar conmigo.

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