Mi boda se desbarató por una circunstancia insignificante, sin valor alguno sino para quien, como yo, se pasa de celoso y raya en maniático. ¿Fueron celos lo que tuve? ¡Apenas me atrevo a decir que sí! Y es porque me da vergüenza pensar que probablemente serían celos... en el fondo, allá en el fondo inescrutable y sombrío del alma... Para que se descifre mejor el enigma, explicaré mi manera de ser, antes de referir el mínimo incidente que dio en tierra con mi felicidad y me condenó, tal vez, a la perpetua soltería.
Apasionadamente enamorado de mi novia, criatura fina e ideal como una flor blanca, y que reunía cuanto puede halagar la vanidad de un novio -alcurnia, elegancia, caudal-,................
Entre los gañanes que acababan de entrar en el río arremangados de brazos y piernas, uno sobre todo mereció que mi novia no apartase de él los ojos...........
Me estremecí y sentí frío en el corazón. Evoqué mi propia imagen, lo que sería yo con la vestimenta y en la postura de aquel gañán................
Pálido y descompuesto, me llevé de allí a mi futura............
Fragmento del cuento "La redada", de Emilia Pardo Bazán, del libro "El encaje roto" antología de cuentos de violencia contra las mujeres