Durante nueve meses os acogí, os nutrí, os sentí, también os acaricié, os hablaba e incluso os escribí. Todo mi yo, vísceras, músculos, sangre, humores, intuición, sensibilidad, inteligencia, estuvieron pendientes de vosotras. Con vosotras me fui transformando. Hasta que llegó el instante de deciros adiós.
Cuando llegó el momento del parto tuvimos que separarnos. Mi matriz empezó a contraerse para expulsaros y vosotras también hicisteis lo posible por abandonarme. Durante unas horas, luchamos una con la otra para desatarnos. Al salir, la comadrona cortó el cordón y os acogí entre mis brazos. Y mis brazos no dejarán jamás de cobijaros.
Gracias Carmen Riera
Del libro: "Tiempo de espera"