PECES ROJOS



Me he comprado un pez rojo. Lo he puesto en una pecera redonda, transparente. No para de dar vueltas. Yo hago lo mismo en casa. Mi gata nos mira a los dos con curiosidad. Al volver del trabajo lo he encontrado muerto en el suelo. Ha saltado de la pecera. La gata lo observa asustada. Harta de deambular por la vivienda  imito al pez. No sé si mi gata me acecha desde la ventana.

ALMA AUSENTE

No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y montes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.

Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de su boca.

La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.


Federico García Lorca, 1935

LA CIUDAD INVISIBLE



VERDE

Verde está llena de rincones frescos y plazas floridas. En verano nunca falta una sombra bajo la que descansar. Las hiedras trepan por las paredes. Saltan de casa en casa y tejen una red de caminos aéreos por los que puedes pasear sin necesidad de pisar la calle.

El agua es abundante. Hay glorietas con fuentes y plazas llenas de bancos regadera, cada uno tiene sus recipientes para que a la vez que descansas puedas meter los pies y empaparte lo necesario.

Todos sus habitantes son verdes. Los hay que tienen forma de palmera, trabajan de vigilantes. Encontramos muchachas vestidas de lila. A veces se cruzan con las chicas rosas y se hacen la competencia. Soy vecino de un grupo de delicadas hortensias. Hay que tener cuidado de no rozarte con los hombres cactus y evitar darles la mano. También hay árboles familiares con multitud de ramas.

Como muchos jardines, la ciudad está rodeada de una tapia. Al otro lado todo es marrón. Nadie quiere salir. Allí los habitantes son de color tierra seca. Por eso cuando vemos que se acerca alguien con forma de ciprés, todos nos escondemos. Son seres tristes que empujan a la gente al otro lado del muro.

NO SÉ POR QUÉ

No sé por qué me río
si me consta la muerte
su patada su olor primera hipótesis
reírse es un tratamiento preventivo
segunda hipótesis
la risa es un buen truco
para que el cadáver desaparezca del escenario
tercera hipótesis reírse
es agradecimiento
celebración de los ausentes
que alguna vez también se divertían


“No sé por qué”, de Andrés Neuman. 
  de su libro:  No sé por qué y Patio de locos

LA VIDA EN NEGRO



Sombra es un pensamiento espeso, como las nubes de una tormenta. Se mueve  por el mundo en busca de víctimas a quienes agobiar.

Los más astutos ven cómo se acerca y se cobijan bajo un paraguas. Los que pueden costeárselo se enfundan en un abrigo y los vagabundos se consuelan con su canción favorita.

Pero siempre encuentra alguien que no la oye, que no la ve o que anda despacio. Se les acerca con sigilo, los lleva de la mano a su celda, los encierra, y para que puedan salir les regala una soga o una ventana.


PALABRAS PARA JULIA, de Julia

PALABRAS PARA JULIA

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
 Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.


Poema de José Agustín Goytisolo, para un 14 de abril

FERIA DEL LIBRO

Te preguntas qué ocurrirá
cuando acaben los libros.
El día, la fecha, el lugar.

E imaginas un galgo detenido
en un descampado,
a un mortal en la guerra de Troya,
a un quijote
en busca de trabajo.


Poema de David Mayor, de su libro "31 Poemas"

CONTAR

Contar no es sólo un acto numérico. Contar es relatar, comunicar, decir desde la unión de palabras que conforman una historia. Se puede contar un relato, un episodio del pasado, un dolor, una nostalgia. Contar es también la capacidad de dejar una huella, una marca que es valorada, tenida en cuenta y reconocida porque aporta significado, valor y sentido a la vida. Si alguien cuenta es porque los demás le valoran y le tienen en cuenta. Porque su vida, sus actos y palabras aportan cuidado, valor y significado a lo que parece no tenerlo. Y al aportar sentido, en positivo, transforma el mundo haciéndolo más habitable y humano.

Fragmento del libro: "Contar en el mundo" de Carmen Magallón Portolés

ÚLTIMOS REYES

Avancé por el pasillo. Las sombras me tendían emboscadas. Hacía unos instantes, desde la cama, había oído ruidos sospechosos. Pasos, murmullos, puertas. Resoplidos profundos de camello. Irrumpí en la sala con los pies descalzos y el pulso galopante. Pero no había nadie. Sólo el árbol enredado entre lianas de luces. Con las ramas ligeramente temblorosas como si una ráfaga acabase de sacudirlas. Al pie del tronco destellaban los paquetes. Me detuve a medirme frente al árbol. Acerqué la nariz a una rama, me toqué la coronilla. El año anterior, por esas mismas fechas, mi cabeza alcanzaba una rama más baja. Entonces me lancé al suelo y removí las cajas. No me costó reconocerla. Respiré hondo, miré hacia el pasillo: al fondo tintineaba el silencio. Desgarré ansiosamente el envoltorio como el depredador que despelleja a su presa. Comprobé que no me equivocaba. Sostuve el regalo que tanto había deseado. Lo elevé ante mis ojos. Era eso, eso, eso. Al fin lo tenía. Esperé a que me viniese alguna lágrima. A que se me erizase la pelusa de la nuca. A que me entrase un cosquilleo en el estómago, algo. Pero me pareció que no sentía nada. Nada, salvo un peso entre los brazos. Devolví el paquete al suelo. Traté de reconstruir el envoltorio. Y con las mejillas iluminadas, de rojo a verde, de verde a rojo, obtuve la primera conclusión de mi vida. 

Versión reducida de "Una rama más alta", cuento del libro "Hacerse el muerto" de Andrés Neuman.