En esos años - fines del XIX, principios del XX- se fue acabando el hambre habitual, cotidiana en los países ricos porque pasaron a ser el centro de un sistema mundial, o sea: dejaron de depender de sus tierras, sus climas, sus campesinos, sus cosechas. Porque crearon un orden global en el que la comida no se produce; se compra. Y el resto del mundo tuvo que adaptarse.
Mientras tanto, el hambre no era sólo un sufrimiento común, una consigna, una prenda de unión; también podía ser la forma extrema de un reclamo. Dicen que la huelga de hambre reapareció en Occidente a principios del siglo XX. Mujeres ingleses pedían su derecho a votar, y lo pedían con cierta violencia; la sociedad se escandalizaba ante mujeres que se peleaban con la policía. Leído desde ahora, suena tan extraño que mujeres debieran luchar tanto por imponer un derecho que nadie discutiría en estos días: son las trampas de -las lecturas de- la historia. Otra demostración de que todo cambia, de que lo que ahora nos parece natural no lo fue ayer, no lo será mañana.
fragmento del libro "El Hambre" de Martín Caparrós. pag. 236