POEMA A MI PAPEL

Leyendo propios poemas
penas impresas trascendencias cotidianas
sonrisa orgullosa equívoco perdonado
es mío es mío es mío!
leyendo letra cursiva
latir interior alegre
sentir que la dicha se coagula
o bien o mal o bien
extrañeza de sentirse innatos
cáliz armonioso y autónomo
límite en dedo gordo de pie cansado y
pelo lavado en rizosa cabeza
no importa:
es mío es mío es mío.!!

 
Alejandra Pizarnik.

GRÂNDOLA VILA MORENA

Grândola, vila morena
Terra da fraternidade
O povo é quem mais ordena
Dentro de ti, ó cidade
Dentro de ti, ó cidade
O povo é quem mais ordena
Terra da fraternidade
Grândola, vila morena

Em cada esquina um amigo
Em cada rosto igualdade
Grândola, vila morena
Terra da fraternidade
Terra da fraternidade
Grândola, vila morena
Em cada rosto igualdade
O povo é quem mais ordena

À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade
Jurei ter por companheira
Grândola a tua vontade
Grândola a tua vontade
Jurei ter por companheira
À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade

Hoy 25 de abril.
Lisboa hermosa ciudad 

PARA MI ABUELA


Hoy sería su cumpleaños

No tuvo tarta.
No tuvo velas. 
Su cumpleaños celebrar quería.
Nació pronto, era primavera,
con las margaritas, con las mariposas.
En mesa de pobres
donde no cabía mas que la miseria,
cuando la despensa estaba vacía
y su cumpleaños celebrar quería.



SÍGUEME

Hay hombres que huyen de la tierra
y vuelven a ella como estuvieran
condenados al eterno retorno.
Llevan en su memoria y en su piel
el rastro de la nieve,
la voz de los antepasados, el lamento de los bosques,
el aullido de los lobos, la furia del vendaval.
Llevan en la sangre un rumor de lluvia,
el temblor de los vientos y el vuelo de los pájaros
que nunca quisieron ser cautivos del horizonte.
Hay juglares que se empapan de música, que atesoran
la cifra de las estaciones, la ebriedad de los ojos
de las madres enlutadas del campo.
Hay hombres que crecen y crecen y no dejan de ser niños,
hay niños que nunca dejan de ser viejos o crisálidas
de un sueño de cristales, de musgos y de escarchas.
Hoy me he cruzado con uno: es poeta, 
un viajero, el peregrino que entretiene los ocasos
con su acordeón ocre, el artista
de delirios que lleva en su cartera
de cuero el volcán de la utopía
y la gran colección de estilográficas
del poeta Rafael Pérez Estrada.
El rapsoda de sí mismo y de todos los espectros.
El brujo de una tribu de labriegos,
de buhoneros, de comerciantes y huidos.
Hablo de un alquimista de palabras,
de un pintor de curvas y colores
que adormecen todo el fuego.
Cuando estás ante él, y lo oyes, presientes que ya no eres dueño de tu vida ni de tus pasos.
Abre la boca y parece decirte "Sígueme. Sígueme.
Crucemos el territorio fértil de la poesía". 
Poema de Antón Castro de su libro "El musgo del bosque" y gracias por tu dedicatoria.

HOY, CERVANTES....

Suma era la alegría que llevaba consigo Sancho viéndose, a su parecer, en privanza con la duquesa, porque se le figuraba que había de hallar en su castillo lo que en la casa de don Diego y en la de Basilio, siempre aficionado a la buena vida, y, así, tomaba la ocasión por la melena en esto del regalarse cada y cuando que se le ofrecía.

Cuenta, pues, la historia que, antes que a la casa de placer o castillo llegasen, se adelantó el duque y dio orden a todos sus criados del modo que habían de tratar a don Quijote; el cual como llegó con la duquesa a las puertas del castillo, al instante salieron dél dos lacayos o palafreneros vestidos hasta en pies de unas ropas que llaman de levantar, de finísimo raso carmesí, y cogiendo a don Quijote en brazos, sin ser oído ni visto, le dijeron:

—Vaya la vuestra grandeza a apear a mi señora la duquesa.

Don Quijote lo hizo, y hubo grandes comedimientos entre los dos sobre el caso, pero en efecto venció la porfía de la duquesa, y no quiso decender o bajar del palafrén sino en los brazos del duque, diciendo que no se hallaba digna de dar a tan gran caballero tan inútil carga. En fin salió el duque a apearla, y al entrar en un gran patio llegaron dos hermosas doncellas y echaron sobre los hombros a don Quijote un gran mantón de finísima escarlata, y en un instante se coronaron todos los corredores del patio de criados y criadas de aquellos señores, diciendo a grandes voces:

—¡Bien sea venido la flor y la nata de los caballeros andantes!
 
Fragmento de la obra  "El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha" 
Capítulo XXXI.  Que trata de muchas y grandes cosas

IN MEMORIAM.... ÉXODO

En memoria de todas las personas que  un día como hoy, 14 de abril, soñaron con un mundo mejor. 

ÉXODO

Una mujer corría.
Jadeaba y corría.
Tropezaba y corría.
Con un miedo macizo debajo de las cejas
y un niño entre los brazos.

Corría por la tierra que olía a recién muerto.
Corría por el aire con sabor a trilita.
Corría por los hombres erizados de encono.

Miraba a todos lados.
Quería detenerse.
Sentarse en un ribazo y con su hijo menudo.
Sentarse en un ribazo y amamantar en paz.

Pero no hallaba sitio.
No encontraba reposo.
No lograba la pausa sosegada y segura
que las madres precisan.
Ese viento apacible que jamás se interpone
entre el pecho y el labio.

Buscaba cerca y lejos.
Buscaba por las calles,
por los jardines y bajo los tejados,
en los atrios de las iglesias,
por los caminos desnudos y carreteras arboladas.
Buscaba un rincón sin espantos,
un lugar aseado para colocar una cuna.

Y corría y corría.
Dio la vuelta a la tierra.
Buscando.
Huyendo.
Y no encontraba sitio.
Y seguía corriendo.

Y el niño sollozaba débilmente.
Crecía débilmente
colgado de su carne fatigada.

Poesía de Ángela Figuera Aymerich

A MIGUEL


Tus ojos color de miel
me enamoraron un día,
porque al mirarte sabía
lo que sentían por mí.
Tus ojos dicen de tí
lo que tus labios no saben
cuando traspasan el aire
y se dirigen a mi.
Llenándome de mensajes,
de caricias, de tu vida.
Y fue tu mirada un día
lo que me gustó de tí.









PAUSA

De vez en cuando hay que hacer
una pausa
contemplarse a sí mismo
sin la fruición cotidiana
examinar el pasado
rubro por rubro
etapa por etapa
baldosa por baldosa
y no llorarse las mentiras
sino cantarse las verdades.

Poema de Mario Benedetti