El sufismo, a lo largo de su historia y de sus autores, ha desarrollado abundante material de una gran sutileza y expresividad, que acompaña y aconseja al derviche en su búsqueda y le orienta en las encrucijadas. Los maestros expresan de una y mil formas el camino, sus estados, sus etapas, sus horizontes, sus paisajes, la estrechez de la senda o el peligro que entraña alguno de sus flancos; sus cuestas, sus descansaderos, los vados, y sus recintos seguros. Su terminología siempre es muy precisa y con mucha frecuencia también es técnica, simbólica, pero cargada de eficacia; bella, pero solo para el que ha limpiado sus discernimiento; sensible, pero austera en su expresión. Es una terminología exclusiva, de gente de conocimiento.
El autor de este libro, Izzdin Al-Muqaddasi. Se sabe poco de él, excepto que parece haber muerto en el último cuarto del siglo XIII. Fue sin duda un místico realizado en el camino hacia el Creador.
A lo largo de su obra aporta innumerables referencias al trabajo espiritual. El Creador se ve en la creación y la creación manifiesta la belleza y la perfección de su Creador: "Cuando la nube consideró que el momento era favorable para expresarse en su lenguaje silencioso, dejó caer algunas lágrimas, se extendió y se agitó entre las ondas del viento". Para contrarrestar el sentimiento de vanidad que le genera el narciso, expresa: "Cuando reflexiono sobre mis imperfecciones, no puedo más que bajar la mirada lleno de confusión; y cuando medito sobre el porvenir, pienso en el momento fijado por el destino para poner fin a mi existencia". Si se trata de reclamar lo perenne frente lo transitorio, el sauce dice: "Los cuerpos perecen, pero las almas no mueren. Nuestra belleza exterior se desvanece, pero nuestra esencia continua su vida. ¿Quién puede dudar de la diferencia entre lo que éramos y lo que seremos?. Y la violeta dice: "para quien desea meditar y aprender, soy un motivo de estudio, pues las enseñanzas que se pueden extraer de mi manera de ser llaman la atención".
El jazmín:
Cuando aspiro el jazmín, un augurio
de felicidad me embarga. Deja de
quejarte, pues la queja es una forma de
vergüenza; y no desesperes, porque la
desesperación es un error.
Fragmentos del libro "Los secretos de los pájaros y las flores"
de Izzdin Al-Muqaddasi . Siglo XIII
No hay comentarios:
Publicar un comentario