Él sube al tranvía en la misma parada que yo, siempre a la misma hora, y una
sonrisa mutua, que ya no recuerdo de cuándo procede, nos une en el viaje
trivial, en la monotonía de nuestra costumbre.
….. Se baja en la parada sucesiva a la mía y otra sonrisa furtiva marca la muda despedida hasta la noche siguiente.
….. Cuando algunas veces no coincidimos, soy un ser desgraciado que se interna en la rutina de la noche como en un bosque oscuro.
…..
Entonces las horas se desploman hechas pedazos y el día es una larga y
nerviosa espera dominada por la sospecha de que acaso no vuelva a
verlo.
Cuento original "El autobús" de L. Mateo Díez
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