Los empleados del circo montan la carpa todos los días a primera hora de la mañana. Procuran que no falte ni un detalle y todo esté resplandeciente cuando llegue la hora de empezar la función. El público comienza a entrar. Poco a poco todas las gradas se van llenando de niños, adultos, ancianos. Y empieza la fiesta. El primero en actuar es el director del circo. Se encarga de hacer los papeles de mayor riesgo: domador, trapecista y equilibrista. La gente lo admira y todos lo aplauden. Luego sale el payaso, que también hace de malabarista y de perro amaestrado. Con su simpatía se gana al público. Y los aplausos vuelven a repetirse. Todos los números son presentados por una mujer. Con voz chillona, anima, halaga, manda aplaudir y participa en casi todas las actuaciones de sus compañeros. El respetable se fijan en su traje, en sus elegantes movimientos. También a ella le brindan un aplauso. Al final de la jornada, recogen, limpian, cierran el circo y se van a casa, hasta el día siguiente que volverán a empezar de nuevo. Y montarán la carpa a primera hora de la mañana.
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