La única

Me lo contagio mi abuela, fue penetrando en mí como la gota de agua en la piedra, poco a poco, era la única “indignada” que yo percibía en aquella época, o la única, que por su edad se atrevía a decir lo que pensaba del régimen de aquel tiempo. Los demás callaban. También me contagió su afición a la lectura.

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