No creo en fantasmas, pero me dan miedo cuando me cruzo con ellos por el pasillo. A la mayoría no los conozco, son seres que han habitado la casa en otro tiempo. También me tropiezo con alguno de mis antepasados, los reconozco por las fotos del desván. Al llegar a la salita se lo comento a la abuela Ramona, ocupada en tejer su perpetua labor de lana con la ayuda de la tata Lorenza. Si de algún familiar no se acuerda me manda que le pregunte al abuelo Justo. Lo encuentro como siempre, sentado delante de la chimenea durmiendo su sueño eterno. Como me da pena despertarlo, doy media vuelta y regreso de nuevo a descansar en mi lecho.
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