Soy otoño, me lo dice mi cuerpo. Lo
veo en el espejo cuando le enseño las arrugas de mi piel reseca. En mis manos ya
han aparecido los tonos marrones, y en mi cara los amarillos. La lluvia de los días ya gotea por mi pelo quitándole
el color. Y el peso de la vida va doblando mi espalda. Como los árboles voy
perdiendo las hojas por el camino. Aunque la savia sigue circulando con fuerza por
mis venas y mis raíces siguen hundiéndose en la tierra cada vez más. Así cuando
llegue mi invierno seguiré de pie y no me podrá arrastrar la ventisca.
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