Lena acababa de cumplir nueve años
cuando ocurrió. Era verano. La maestra había cerrado la escuela. Las
vacaciones las pasaría cuidando a sus hermanos y a los otros niños
que su madre amamantaba.
De aquel día siniestro recuerda las
caras
descompuestas
por el pánico de la gente con la que se cruzó por la calle. También
cuando se sentaron a la mesa, escuchó
a sus
padres
hablar
con voz temblorosa de lo que
sucedía.
Por todos los corrillos se oía
susurrar la palabra guerra. Guerra. Qué era la guerra. Ella no lo
sabía. Pero esa noche vio a su
padre asegurar
la puerta. A pesar
del calor durmieron con las ventanas cerradas. Ella pensó que quizás
de esa manera no entraría la guerra en su casa. Pero no fue así.
A la mañana siguiente los despertó
un ruido espantoso. Venía del cielo y rugía, acercándose y
alejándose una y otra vez. Lena y sus hermanos, todos en la misma
cama, se encogían y se hundían entre el colchón cada vez que lo
oían aproximarse. Porque ahora la entrada de la casa estaba libre.
Las puertas de las casas debían permanecer abiertas. Las
instrucciones así lo habían ordenado.
Durante varios días sombras
aterradoras entraban y salían registrando y desordenando toda la
casa. Golpeaban armarios y abrían baúles aplastando su vida y sus
recuerdos. Y Lena y sus hermanos, cada vez más encogidos, seguían
hundidos en el colchón, sin levantarse, sin comer, con los ojos
cerrados para no ver venir a la guerra.
Cuando días después salieron a la
calle, todo parecía distinto. Las callejas y las plazas estaban
vacías. El temor y la desconfianza deambulaban entre el
vecindario. Las botas negras y los fusiles se habían paseado por el
pueblo llevándose a algunos vecinos.
Lena vivió esos años en constante
sobresalto. Nunca sabía cuándo
iban a volver las sombras para hacerles daño. La piel
se le llenó de pústulas y los sueños de pesadillas. Ella y sus
hermanos dejaron de crecer para seguir apiñados en el colchón hasta
que las sombras siniestras acabaron su guerra. Entonces la madre les
dejó salir a la calle en
ruinas para que por fin
aprendieran a jugar.
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