Asomado a la cruel ventana
vestida con barrotes
no puede alcanzar los azules
ni las explosiones en amarillo de las estrellas.
Atrapa la noche y no puede pintarla,
pues no hay luces ahora en el sanatorio.
Así que la guarda, la encierra, la abraza.
Para no perderla la pinta en sus sueños.
Despierta con la sensación de que no la tiene.
Vuelve a la ventana y la atrapa de nuevo, con miedo,
y al dormirse la sueña entre fiebre y sudores,
entre vuelos últimos y sangre de pinceles huérfanos.
Con el día, de memoria, la pinta:
azul, mucho azul, más azul, intenso para el cielo,
amarillo más brillante para los soles nocturnos,
edificios y árboles arden en negro.
Atrapada por el más cuerdo de los locos,
la noche estrellada más bella.
Obra maestra.
Poesía de Pepa Pardo Rodrigo
la noche estrellada más bella.
Obra maestra.
Poesía de Pepa Pardo Rodrigo
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