Tres
abetos verdes, brillantes, desnudos, sin bolas de colores ni lazos
rojos, sin tiras de espumillón que los ahorquen, están plantados
delante de mi casa. Todos
los años tres demonios
rojos, brillantes, desnudos, sin corona ni cetro real, sin oro, ni
incienso, ni mirra, dejan
bajo sus ramas una caja con trescientos sesenta y cinco días para
que los pueda gozar.
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