Tengo de ti, cuando me pongo a recordarte, la imperfecta curvatura de una sonrisa. Tengo además el eco insistente de varias palabras que nunca comprendí. Tengo también, involuntariamente, la noche misma, la noche larga en que juega contigo mi terca memoria. No tengo nada, casi nada: un dibujo desvaído de tu casa por la tarde, tu nombre propio y el mágico temor de que aparezcas si me atrevo a pronunciarlo. Un rito cada vez menos frecuente, más lejano, que a mi pesar entrevera las fechas y empieza a confundir tu cara con las de tiempos posteriores.
Cuento de Álvaro Uribe, de su libro, "Historia de historias"
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