CARRUSEL


Subo al tranvía y después de validar mi billete tomo asiento. Es la primera vez que hago ese trayecto y no conozco el camino. Desde la ventanilla miro el paisaje. Escucho una voz metálica que nos dice el nombre de las estaciones. Veo como las puertas se abren y se cierran. También estoy atenta a la gente que sube y baja. Entra una señora con un carrito de bebe. Un anciano que busca sitio. Y un grupo de escolares con sus pesadas mochilas. Hay personas que llegan corriendo y saltan al interior cuando las puertas están a punto de cerrarse. Observo las vías que no tienen fin. Tras una parada viene otra, todas iguales. Vuelvo a ver el mismo paisaje. Escenas repetidas. Entra de nuevo el anciano que busca sitio. Detrás la señora con el carrito del bebé. Y antes de cerrarse las puertas los escolares con sus mochilas a la espalda. Sigo en mi asiento. He validado el billete varias veces aconsejada por el revisor. Pero mi parada no llega. Sin embargo en anciano entra y sale. Al igual que la señora del carrito y los escolares con sus mochilas. Y yo sigo en mi asiento.

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