Una es alta y muy delgada. Otra
es muy delgada y bajita. Las dos pasean juntas su silencio, sus bolsos y sus
perlas por los pasillos. A veces se paran delante del ascensor, miran cómo se
abren sus puertas, pero no se atreven a cruzarlas. Siguen andando, con mirada
perdida, con sonrisa vacía, con su vida de cristal.
Las veo, las veo... Qué bien, Julia.
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