EN EL BASURERO



Tropecé con un zapato entre la basura, estaba brillante, recién estrenado. Todavía no lo habían descubierto las ratas, ni tapado la inmundicia. Lo guardé y seguí buscando el compañero. Lo encontré en la siguiente montaña de porquería, lo calzaba un lívido pie. La cara de su dueña no quise verla. Estaba tapada por un manojo de flores secas.  

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