Quiero
escribir. Ya sé que es tarde. Que debería estar acostada porque mañana tengo
que trabajar. Pero necesito escribir. Hoy no voy a contar nada de la situación del país, sino de mí.
Estoy sentada frente al ordenador, sola. Por la ventana abierta entra una ligera
corriente de aire que refresca el ambiente. La calle está en silencio, sólo de
cuando en cuando pasa un coche. La mayor parte de las ventanas de la casa de
enfrente permanecen a oscuras. Los vecinos ya se han ido a dormir. También mi
gato duerme tranquilo sobre su almohadón. Siento envidia. En mi cabeza bullen
mil ideas que luego no sé expresar con palabras. Mil sentimientos que ni yo
misma entiendo. Ahora, oigo voces de jóvenes que pasan por la calle, se ríen,
hablan en voz alta. Vuelvo a sentir envidia. No tengo ganas de reír, más bien
tengo un nudo en la garganta. Me rodean mis fantasmas. También a ellos los
envidio. Necesito paz.
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