Supongo que exagero, pero a veces pienso que el primer amor no es el de la adolescencia, aquel descubrimiento maravilloso de la pasión arrebatadora. El primer amor, el fervor absoluto, el no poder estar el uno sin el otro, es el de la criatura con su madre y el de la madre por la criatura. Ése es el primer amor, lo demás imitaciones. Y ya sabemos que hay que desconfiar en las imitaciones. Incluso parece que es la necesidad de perpetuar el sentimiento de ternura maternal lo que nos lleva a la búsqueda de una pareja estable.
Texto de Carmen Riera, de su libro "Tiempo de espera"
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