Aquí, la muerte es amarilla como el sabor del pan.
Yo la he visto rondar los braseros donde hierbas antiguas ahuyentan el miedo.
Y he escuchado su grito de nieve entre los tallos tiernos de las enredaderas.
Nunca bastaron las lenguas de aceite para alejar el frío de las habitaciones.
Jamás fue suficiente la vigilia del fuego, ni la zozobra de las bestias en las cuadras hinchadas por el heno.
La muerte llegó siempre con helada añoranza y, al amanecer, en el asombro de los perros podía recordársela.
Fragmento de "Memoria de la nieve", de Julio Llamazares.
No hay comentarios:
Publicar un comentario