Querida Mary, Querido John

Al entrar en la casa abandonada, tropiezo, y un florero que estaba sobre la mesa cae. Queda roto y las flores desparramadas por el suelo. Asustada, me agacho a recoger los restos. Entre ellos hay un papel doblado, amarillento por el paso del tiempo. Es una carta. Me siento en un vetusto y arrinconado sofá. Y desplegándola despacito, leo:


New York, 19 de noviembre de 1925

Mi querida Mary:

De nuevo estoy en la ciudad. Me hospedo en el hotel de siempre. He pedido la habitación que compartimos ¡qué gratos recuerdos me trae! Por fin soy libre. He roto todos los lazos con el pasado. ¿Y tú? Espero tu llegada con impaciencia.

Te quiere

John

Miro a mi alrededor. Las paredes de la habitación están llenas de fotografías ajadas. ¿Cuál de esas personas sería Mary? ¿Está John en alguna de ellas? ¿Lograrían su sueño?

Recojo los restos del jarrón con cuidado. Dejo la carta junto con las flores sobre la mesa, y vuelvo al hotel.

No hay comentarios:

Publicar un comentario