Tarde de viernes

Me pasé la tarde imaginando relatos fantásticos. Los adorné con flores. A los sencillos les puse violetas, a los más sensuales, azahar. A cada uno lo metí en una bolsa, lo até con un lazo etéreo y los regalé a las personas que venían a visitarme. A unas les gustaron, a otras no. Pero todas me lo agradecían con una sonrisa.

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